Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
A la entrada del pueblo hay un manzano
al que se acercan los enamorados,
y se cuentan sus mil sueños dorados
al frescor de su fronda en el verano.
A la sombra de ese árbol tan cercano
nos sentamos muy juntos, abrazados,
dos corazones que, de emocionados,
palpitaban tomándose la mano.
Nuestras miradas pronto se cruzaron,
aspirando el olor de la ambrosía,
y los labios, ansiosos, se encontraron.
Qué sentí, ni lo sé ni lo sabía,
sí sé que las palabras nos sobraron
y es difícil que olvide ya ese día.
al que se acercan los enamorados,
y se cuentan sus mil sueños dorados
al frescor de su fronda en el verano.
A la sombra de ese árbol tan cercano
nos sentamos muy juntos, abrazados,
dos corazones que, de emocionados,
palpitaban tomándose la mano.
Nuestras miradas pronto se cruzaron,
aspirando el olor de la ambrosía,
y los labios, ansiosos, se encontraron.
Qué sentí, ni lo sé ni lo sabía,
sí sé que las palabras nos sobraron
y es difícil que olvide ya ese día.