El Principito y el zorro

Évano

Libre, sin dioses.
El viento destella, el trigo baila
y se mezcla con el cabello dorado
de un extraño caminando descalzo
sobre la hierba que marca el compás
de su llegada a la sombra del árbol.

La piel de fuego, los ojos del zorro
observan, pacientes, al viajero.
No hay ruidos, no hay prisas.

Bajo el manzano late un silencio
roto cuando los ojos se ven.

Ven a jugar conmigo, estoy tan triste.

No estoy domesticado, y soy un zorro,
no puedo jugar contigo.

¡Qué palabra tan extraña, domesticado!

Cuidadoso se acerca el astuto.
Atento atiende a la historia
de la Rosa de tan extraño viajero.

Se acerca aún más y responde
con voz bajita, despacio:

Domesticar es cosa de lazos.
Yo, solo soy zorro idéntico a miles.
Pero si tú me domesticas
te volverás para mí, único en el mundo,
y yo lo seré para ti.

Mira a un lado, a otro, prosigue, y le enseña
de la paciencia, de sentarse lejos, cada día
un poco más cerca, para que la espera
de las horas, o días, o meses, o años
valiera la alegría de ese instante de encuentro
y así saboreara feliz el amor, y la amistad.

Los hombres olvidaron lo cierto,
ya no hay tiempo para conocer,
compran amigos en redes sociales
y se marchitan en su propia prisa.
Laten a lo loco, ya no tienen
corazones viendo lo invisible a los ojos.
Eres el tiempo perdido con tu Rosa,
lo esencial, lo que la hace importante.
Eres lo que has domesticado,
responsable de ello para siempre.
Tu Rosa es única,
orgullosa de sus espinas, fragrante,
caprichosa en su planeta de viento.
El mundo está lleno de flores iguales,
una es tuya, la cuidas con esmero
la proteges de orugas, la escuchas
y la alabas. Ese es tu lazo.

El universo se vuelve inmenso
y tierno y alegre y adorable
porque en su planeta, tu Rosa
vive gracias al lazo de tu amor.






Poesía basada en el Capítulo XXI de El Principito(con alguna licencia poética mía), de Antoine de Saint-exupéry.



Gracias por leer
 
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Évano, tu poema me transporta directamente a ese mundo de Saint-Exupéry, pero no como una simple recreación sino como una verdadera reinterpretación poética. Reconozco en tu voz esa misma delicadeza filosófica del autor francés, esa capacidad de hablar de lo profundo con sencillez que caracteriza al clásico.

Me conmueve cómo construyes el encuentro a través del contraste entre el movimiento y la quietud: el trigo que baila, el viento que destella, y luego ese
silencio roto cuando los ojos se ven
. Es una elipsis perfecta que condensa toda la magia del momento del reconocimiento mutuo.

La transición hacia la crítica contemporánea resulta especialmente lograda. Cuando escribes sobre los hombres que compran amigos en redes sociales, el puente temporal se vuelve natural y necesario, no forzado. Tu voz poética encuentra su propia autoridad al actualizar la lección del zorro sin traicionar su esencia.

Lo que más me impacta es cómo mantienes la musicalidad del verso libre mientras respetas la estructura dialogada del capítulo original. La repetición de domesticar y lazo funciona como un eco que refuerza el mensaje central, creando un ritmo hipnótico que nos prepara para esa hermosa conclusión sobre el universo que se vuelve inmenso y tierno.

Gracias por compartir esta lectura tan personal de un texto et
 

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