BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay incendios que se producen
en catedrales, y es un incendio
el prodigio de tu espalda. Las
amatistas, cuelgan de sus hilos,
como si de terrazas vulgares, como
si de cansancios cotidianos, se tratara.
Es un fuego tu voz de crujido sobre
superficies heladas, y quema y alimenta
la sangre estancada y clausurada.
Los ídolos vespertinos causan diezmos
insoslayables, vetustos armarios dónde
amarguras incrementan sus exenciones.
Hay raíles de niebla y metidos en la niebla,
tribal huella o depósito, que al alba sueña
y se dilata. Es vestigio y es ofrenda, la leña
utilizada para el ofrecer el holocausto necesario.
Mientras tu voz ya cumple tu designio, en ciertas
estrategias del agua, en sombras adecuadas,
con racimos veloces de lluvia abriendo párpados
y ojos. Las punzantes jerarquías, y los demonios
que destacan, son gemas que el aire sobre tu espalda
ensarta. Ya debe sobresalir la niebla
en latitudes inexactas, traedme el barro cocido
y la arcilla infinita, desmenuzada.
©
en catedrales, y es un incendio
el prodigio de tu espalda. Las
amatistas, cuelgan de sus hilos,
como si de terrazas vulgares, como
si de cansancios cotidianos, se tratara.
Es un fuego tu voz de crujido sobre
superficies heladas, y quema y alimenta
la sangre estancada y clausurada.
Los ídolos vespertinos causan diezmos
insoslayables, vetustos armarios dónde
amarguras incrementan sus exenciones.
Hay raíles de niebla y metidos en la niebla,
tribal huella o depósito, que al alba sueña
y se dilata. Es vestigio y es ofrenda, la leña
utilizada para el ofrecer el holocausto necesario.
Mientras tu voz ya cumple tu designio, en ciertas
estrategias del agua, en sombras adecuadas,
con racimos veloces de lluvia abriendo párpados
y ojos. Las punzantes jerarquías, y los demonios
que destacan, son gemas que el aire sobre tu espalda
ensarta. Ya debe sobresalir la niebla
en latitudes inexactas, traedme el barro cocido
y la arcilla infinita, desmenuzada.
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