pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
Había caído en un sueño inmundo, como el arrabal infinito de una pequeña ciudad en cualquier Tercer Mundo, en cualquier nación de mi planeta particular. El sofá, mi único acompañante; ni equipaje ni bolsa de viaje. Horario de tarde, ni despertador ni nada por qué despertar.
—¡Cómo puede ser tu sueño tan profundo y tan ligero el de los demás! —exclamó avasallado el mullido del diván.
Tan rotundo había acontecido el despabilamiento que el simple acto de levantarme dio con el sofá arrancado del suelo; de cuajo, levantadas las baldosas, las vigas, las viguetas, la placa de hormigón. Abierto un boquete tan pequeño como el tamaño biplaza de su portento.
Me repitió encabronado el diván a cuestas de mi trasero:
—¿Cómo puede ser tu despertar tal que arranque la tapa del suelo y siga el mundo igual, sin siquiera retirarse los corchos a los golletes de los botijos de los demás?
Convencido, me volví a dormir y el sofá a su lugar. No podía permitir que nadie cayera por la sima de mi vigilia.
Me volví a dormir con el firme propósito esta vez de no despertar.
—¡Cómo puede ser tu sueño tan profundo y tan ligero el de los demás! —exclamó avasallado el mullido del diván.
Tan rotundo había acontecido el despabilamiento que el simple acto de levantarme dio con el sofá arrancado del suelo; de cuajo, levantadas las baldosas, las vigas, las viguetas, la placa de hormigón. Abierto un boquete tan pequeño como el tamaño biplaza de su portento.
Me repitió encabronado el diván a cuestas de mi trasero:
—¿Cómo puede ser tu despertar tal que arranque la tapa del suelo y siga el mundo igual, sin siquiera retirarse los corchos a los golletes de los botijos de los demás?
Convencido, me volví a dormir y el sofá a su lugar. No podía permitir que nadie cayera por la sima de mi vigilia.
Me volví a dormir con el firme propósito esta vez de no despertar.
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