En una hermosa mañana de primavera juega Tabita muy alegre en el jardín. De pronto descubre ella entre los matorrales un pequeño pueblito de elfos. Ellos viven en graciosas y minúsculas casitas con techos de flores.
En medio del pueblito se encuentra una plaza para las fiestas y también hay una escuela para los niños elfos. Tabita quiere contarle a su amiga lo más rápido posible sobre su descubrimiento. Pero entonces llega la reina de los elfos, se acerca a Tabita y le dice : "Tú no puedes contar a nadie sobre nosotros! Porque cuando un ojo humano mira demasiado tiempo a nuestro reino de hadas, se desvanece. Por tanto, te pido por favor proteger nuestro pueblito. Tampoco tú puedes mirarnos por mucho rato."
Tabita está muy triste, pero comprende perfectamente. Ella no cuenta a nadie sobre el mundo de los elfos. Eso no es fácil. Pero una vez al año, cuando el sol calienta por primera vez en primavera, Tabita camina entre los arbustos y echa un breve vistazo al reino de las hadas.
En medio del pueblito se encuentra una plaza para las fiestas y también hay una escuela para los niños elfos. Tabita quiere contarle a su amiga lo más rápido posible sobre su descubrimiento. Pero entonces llega la reina de los elfos, se acerca a Tabita y le dice : "Tú no puedes contar a nadie sobre nosotros! Porque cuando un ojo humano mira demasiado tiempo a nuestro reino de hadas, se desvanece. Por tanto, te pido por favor proteger nuestro pueblito. Tampoco tú puedes mirarnos por mucho rato."
Tabita está muy triste, pero comprende perfectamente. Ella no cuenta a nadie sobre el mundo de los elfos. Eso no es fácil. Pero una vez al año, cuando el sol calienta por primera vez en primavera, Tabita camina entre los arbustos y echa un breve vistazo al reino de las hadas.