jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
como sólo tiene 6 metros de alto
si me tirase del puente tendría que hacerlo
de espaldas para aumentar la probabilidad
de romperme la nuca por si la sola caída
no resultara suficiente para matarme;
con todo lo cual sin embargo seguiría quedándome
un buen margen de supervivencia;
capaz que no llego a quebrarme más que la puta espalda
y termine confinado a una silla de ruedas
-peor aun: incapacitado para intentarlo en otra ocasión-
y además expuesto a los comentarios de la gente
las burlas, el enfado, las protestas de algunos;
un mejor plan desde luego consistiría en tirarme
5 segundos antes de que pase el tren
y caer justo en medio de la vía que corre allí abajo
para que la locomotora me arremeta y haga pedazos;
ni qué decir tiene que sería aún preferible
prescindir de plano del salto desde el puente
y tenderme atravesado sobre los rieles cuando vea venir el tren;
esto tiene la ventaja de que hasta el último instante
podría pasarlo fumando tranquilamente un cigarrillo
oyendo canciones en el ipod y quizás
garrapateando alguna memorable frase póstuma
-"pensé en ti, mi amada aurora, hasta el final"-
el inconveniente de tan cómoda situación se deriva
de no poder suprimir por completo la alternativa
de arrepentirme al sentir que se acerca la hora final
y mire el tren a escasos metros rugiendo como un dragón
¿quién dice que aguantaré entonces la tentación de apartarme
y ponerme de pie y sacudirme de prisa la ropa y el pelo
y empiece luego a decirle adiós con la mano
a esos extraños cuyas caras apenas vislumbro
asomadas a las pequeñas ventanas que pasan de largo
-en una rápida secuencia de destellos que se pierde en la noche-
hacia algún distante y desconocido y tal vez amargo destino?