Valeria del Mar
Poeta recién llegado
El puente
Pintadita de colores
y archivada de esperanzas
estaba la vieja Ethel
esperando su llegada.
Tomó una capelina azul
para coronar esa escena y
con talante impetuoso
se atavió un par de sedas.
Cruzó el Puente Kintai-kyo,
y se detuvo frente a unos cerezos.
Abrillantó con ellos sus mejillas
y continuó leve el trecho.
Una chispa inquieta de ilusión
atravesó sus entrañas
cuando vio por fin el fulgor
desprendido en sus pisadas.
Imantada hacía el sur
la brújula , le indicó el camino.
Ethel había llegado
ya, a su destino.
Una horda de hadas la rodeó
y le acarició el cabello,
consolando su alma en pena
ante tal descubrimiento.
Las canas parecían mecerse
al son de un llanto airoso.
Mientras el anillo esperaba
en las manos de un buen mozo.
Entre bambalinas,el tiempo cesó
y unió eternos amores;
perjurados en un rojo punzó
que soslayó pormenores.
Pintadita de colores
y archivada de esperanzas
estaba la vieja Ethel
esperando su llegada.
Tomó una capelina azul
para coronar esa escena y
con talante impetuoso
se atavió un par de sedas.
Cruzó el Puente Kintai-kyo,
y se detuvo frente a unos cerezos.
Abrillantó con ellos sus mejillas
y continuó leve el trecho.
Una chispa inquieta de ilusión
atravesó sus entrañas
cuando vio por fin el fulgor
desprendido en sus pisadas.
Imantada hacía el sur
la brújula , le indicó el camino.
Ethel había llegado
ya, a su destino.
Una horda de hadas la rodeó
y le acarició el cabello,
consolando su alma en pena
ante tal descubrimiento.
Las canas parecían mecerse
al son de un llanto airoso.
Mientras el anillo esperaba
en las manos de un buen mozo.
Entre bambalinas,el tiempo cesó
y unió eternos amores;
perjurados en un rojo punzó
que soslayó pormenores.