danie
solo un pensamiento...
En el puesto de diarios
una línea de tristeza divide el estante de las revistas.
Se va abriendo paso en solitaria
frente a los textos estridentes, que maniatan e imponte
con impotencia
la moral y el orden.
Las clases sociales también se demuestran en la góndola,
las más bajas y marginadas
se encasillan en pequeñas celdas vacías
en los anuncios clasificados de los periódicos.
Las clases altas quedan libres
pululando de renglón en reglón,
se divierten con las revistan de ingenio y enamoran
superficialmente
a las obtusas palabras de los crucigramas.
Los libros de novelas
duermen una larga siesta
de 100 años de soledad, por lo menos
son afortunados en que nadie los moleste.
Pero todos se juntan en un punto
para erguir los ojos,
hasta pareciera que de sus pupilas
expelen una pequeña lágrima lechosa.
Sin dudas,
el único instante de gratuita felicidad que todos pueden compartir.
Un breve momento de gloria exaltada, de celestial excitación
en la portada de la Playboy.
una línea de tristeza divide el estante de las revistas.
Se va abriendo paso en solitaria
frente a los textos estridentes, que maniatan e imponte
con impotencia
la moral y el orden.
Las clases sociales también se demuestran en la góndola,
las más bajas y marginadas
se encasillan en pequeñas celdas vacías
en los anuncios clasificados de los periódicos.
Las clases altas quedan libres
pululando de renglón en reglón,
se divierten con las revistan de ingenio y enamoran
superficialmente
a las obtusas palabras de los crucigramas.
Los libros de novelas
duermen una larga siesta
de 100 años de soledad, por lo menos
son afortunados en que nadie los moleste.
Pero todos se juntan en un punto
para erguir los ojos,
hasta pareciera que de sus pupilas
expelen una pequeña lágrima lechosa.
Sin dudas,
el único instante de gratuita felicidad que todos pueden compartir.
Un breve momento de gloria exaltada, de celestial excitación
en la portada de la Playboy.