prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un cuerpo que se esfuerza
escapar de la cárcel
de mis memorias
como una abeja
de una tela de araña,
pinchando con la aguja el aire,
preparada a morir para ser libre.
Y lo mismo que de vez en cuando gotas de veneno
caen cristalinas de su cuerpo,
de mi recuerdo caen las maldades
que ella me hizo
y me las tomo, las necesito.
Me amó más allá
del tiempo que tomé para salir
del vientre de mi madre, es verdad.
Me amó como si junto a ella nunca terminaba de nacer,
de abrir por primera vez los ojos
y ver lo que estaba por amar para siempre.
No la entiendo, como ningún niño entiende a su madre,
si le abandona.
¿Que mas da si vivo en la calle o en un palacio,
si los muros son horizontales o verticales?
Mi condena es morir antes que mi recuerdo se libere.
Con el silencio de su ausencia me enseñó
tener en vida a la muerte,
resucitarla cada vez que se ahogaba
en la esperanza.
Con sus manos me enseñó que las manos de uno
no sirven para levantarse del suelo,
a no ser que se agarra de algo, algo no suyo.
Con sus pies me enseñó que no es posible
caminar en el pasado
y volver por tus propios pies,
sino con los de las personas que estabas buscando;
con sus labios, que las palabras son perros callejeros,
hambrientos y libres a matarse, a comerse uno al otro,
si no hay otros labios que las recoja antes de salir,
con un beso.
Con sus ojos, que en la mañana las heridas
se abren como las amapolas
temblando en el viento,
si no hay otros ojos
donde mirar la lluvia
que les hará crecer en las afueras de uno mismo,
crecer en el medio de los dos y después
secar.
Con su alma aún me enseña, aún me enseña....
escapar de la cárcel
de mis memorias
como una abeja
de una tela de araña,
pinchando con la aguja el aire,
preparada a morir para ser libre.
Y lo mismo que de vez en cuando gotas de veneno
caen cristalinas de su cuerpo,
de mi recuerdo caen las maldades
que ella me hizo
y me las tomo, las necesito.
Me amó más allá
del tiempo que tomé para salir
del vientre de mi madre, es verdad.
Me amó como si junto a ella nunca terminaba de nacer,
de abrir por primera vez los ojos
y ver lo que estaba por amar para siempre.
No la entiendo, como ningún niño entiende a su madre,
si le abandona.
¿Que mas da si vivo en la calle o en un palacio,
si los muros son horizontales o verticales?
Mi condena es morir antes que mi recuerdo se libere.
Con el silencio de su ausencia me enseñó
tener en vida a la muerte,
resucitarla cada vez que se ahogaba
en la esperanza.
Con sus manos me enseñó que las manos de uno
no sirven para levantarse del suelo,
a no ser que se agarra de algo, algo no suyo.
Con sus pies me enseñó que no es posible
caminar en el pasado
y volver por tus propios pies,
sino con los de las personas que estabas buscando;
con sus labios, que las palabras son perros callejeros,
hambrientos y libres a matarse, a comerse uno al otro,
si no hay otros labios que las recoja antes de salir,
con un beso.
Con sus ojos, que en la mañana las heridas
se abren como las amapolas
temblando en el viento,
si no hay otros ojos
donde mirar la lluvia
que les hará crecer en las afueras de uno mismo,
crecer en el medio de los dos y después
secar.
Con su alma aún me enseña, aún me enseña....
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