Silencio Nocturno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yaneth - Silencio Nocturno
El recuerdo poético de una guitarra andaluza
Ungida esperanza que duerme
en mi silvestre alma.
La luz en éxtasis inunda los dulces
cantares de las caracolas y una barquilla
reposa en la arena.
Esa arena que aún quema la piel de mi recuerdo
escuchando el sonido de tu respiración en vaivén
como olas que a la orilla de mi cuerpo se acercaban
suspirando en espuma, atrapando mi corazón.
Compasivo amor que como olas de plata
llega a mi silencio con florecillas
de algas y un recuerdo poético
de una guitarra andaluza.
Duende bautizado en las aguas del silencio
que hace vibrar con sus manos los versos de sus cuerdas.
Trayéndome de ti, el susurro de tus labios,
llevándose de mi, el aire de tu presencia.
Bizarra brisa que despeina mi alegría,
la sonrisa que se refleja en los sutiles
perfiles del aura con rada cristalina,
hace lícita mi congoja.
Osado tu nombre que frente al mar llena el horizonte
de reflejos febriles buscando la dulzura de tu mirada,
la calma de mi alma al sentirte en el eco de la brisa,
el desvelo que sin piedad deposita sagradamente
en mi cuerpo, la caricia de tus manos.
Sufrí los males de tu desamor y con aflicción
arranque mi piel pensando
con ello, que ni un ápice de tus manos
quedarían en mi agonizante vestidura.
Iluso pensamiento el mío, pues aún recorren
tus manos cada gota de mar que sobre la sangre de mis venas
dejaste, haciéndome prisionera del cautivo llanto de una guitarra
que siempre me descubre desnuda ante tus manos.
Ungida esperanza que duerme
en mi silvestre alma.
La luz en éxtasis inunda los dulces
cantares de las caracolas y una barquilla
reposa en la arena.
Esa arena que aún quema la piel de mi recuerdo
escuchando el sonido de tu respiración en vaivén
como olas que a la orilla de mi cuerpo se acercaban
suspirando en espuma, atrapando mi corazón.
Compasivo amor que como olas de plata
llega a mi silencio con florecillas
de algas y un recuerdo poético
de una guitarra andaluza.
Duende bautizado en las aguas del silencio
que hace vibrar con sus manos los versos de sus cuerdas.
Trayéndome de ti, el susurro de tus labios,
llevándose de mi, el aire de tu presencia.
Bizarra brisa que despeina mi alegría,
la sonrisa que se refleja en los sutiles
perfiles del aura con rada cristalina,
hace lícita mi congoja.
Osado tu nombre que frente al mar llena el horizonte
de reflejos febriles buscando la dulzura de tu mirada,
la calma de mi alma al sentirte en el eco de la brisa,
el desvelo que sin piedad deposita sagradamente
en mi cuerpo, la caricia de tus manos.
Sufrí los males de tu desamor y con aflicción
arranque mi piel pensando
con ello, que ni un ápice de tus manos
quedarían en mi agonizante vestidura.
Iluso pensamiento el mío, pues aún recorren
tus manos cada gota de mar que sobre la sangre de mis venas
dejaste, haciéndome prisionera del cautivo llanto de una guitarra
que siempre me descubre desnuda ante tus manos.