El reecuentro

Rey de la Patagonia

Poeta adicto al portal
Porque no te sacas la camisa

y descansas

déjame secarla

ha llovido todo el día

y no creo que calme.


Ya es tarde

avivare el fuego y te preparare

una sopa caliente

hay pan freso

y un vino que ha esperado por ti

desde siempre.


Sus palabras volaban sobre mí

como palomas en la plaza

de su cercanía,

mientras se dirigió a la cocina

la vi lucir su vestido

que más que un vestido

parecía ser su piel,

la redondez de mi mirada

la circundaba

y la acaudalaba en mis retinas,

ella me miro de reojo

y me descubrió perdido

en la cascada de su cuello

que caía sobre su espalda.


La tarde caía inevitablemente

y la lluvia insistía es su porfía

el fuego alumbraba mis ojos

aumentando el brillo

donde ella se lucia,

la manta que cubría mi hombros

pareció de pronto ser un abrazo,

un abrazo de sus brazos.


El aroma a orégano

me sorprendió

imaginando su abrazo

y la vi venir hacia la mesa

con un humeante tazón

de porcelana.


Ven

y siéntate aquí a mi lado

y toma esta sopa

que está llena de tu olvido,

yo he tenido frío desde que

te alejaste de mi,

no sabes cómo amo la lluvia

que te trajo hasta aquí.

Sus ojos se quedaron fijos en mí

y pude sentir toda la distancia

que un día le prometí

y que firme con el golpe de una puerta,

más no pude sonreír por su sentencia

amorosa,

sentí culpa e incline mi frente

hacia la mesa

sin saber que decir,

y que podría decir

sin sumergirme en su mirada fija.


Nunca supe le dije,

nunca supe de la lluvia en tus mejillas

nunca supe,

nunca supe de mi altar en tu vigilia

nunca supe como ahora

lo perdido,

y fue la lluvia de tu cielo

que me trajo a tus bordes celestes,

nunca supe como ahora

lo perdido,

nunca supe.


Fijos sus ojos en mí me dice,

…abre el vino ha esperado por ti

desde siempre…


En el silencio no pude hacer otra cosa

y como si fuera un presagio

y como si fuera mi destino

llene las dos copas

del compromiso final.


Te he esperado tanto tiempo

tanto que sabía que este día iba a llegar

y que brindaríamos por tu visita

en esta mesa sin final.


¿Sin final?

Si, sin final…


Aquí las noches no acaban

y las mañanas no comienzan

mi vida se ha quedado

encerrada en el mantel.


Me parece que la noche ya despierta

y la lluvia no cesa,

más ahora no se donde ir

no puedo imaginar

un lugar más allá de esta mesa.

Levanta tu copa

y brindemos por la lluvia

y por ti,

… y bebimos juntos cercados

por el suspiro del cristal.


El vino toco mis sentidos

y la vida se transformo en espejos

se transformo en ríos claros

y pude verla sentada en la cama

secando sus lagrimas

con una funda de almohada,

parada en la ventana

y paseándose desde la cocina

a la sala

como si esperara,

hay parada

como si mi esperara.


Todo pasó en un segundo

y su soledad me llamo

desde mi distancia,

en la mesa quedo nuestro mundo

cercado por el suspiro

de los cristales.


…Tu camisa esa seca

y la noche se ha aclarado

ya no lloverá hasta mañana

estas repuesto y has descansado,

el tren de las diez ya lo anuncian

las campanas de la plaza..


Calzando mi camisa

parado al lado de la mesa

y sumergiéndome ya sin temor

en sus ojos fijos le dije…

“no se me ocurre un lugar

donde pueda ir

ni ahora ni nunca”…

ella me miro tan fijamente

como pudo y me dijo…

simplemente me dijo,

“quédate”.


El tren de la diez paso

como de costumbre

llevándose a la gente que tiene

un lugar para ir,

y envuelto en su abrazo tibio

le pude decir,

fue la lluvia,

fue la lluvia quien me trajo

hasta ti.
 
Sentimental historia de un amor bajo la lluvia, (Título de un poema mío)
que vivirá por siempre en tu recuerdo. Majestuosa obra amigo Rey.
Porque no te sacas la camisa

y descansas

déjame secarla

ha llovido todo el día

y no creo que calme.


Ya es tarde

avivare el fuego y te preparare

una sopa caliente

hay pan freso

y un vino que ha esperado por ti

desde siempre.


Sus palabras volaban sobre mí

como palomas en la plaza

de su cercanía,

mientras se dirigió a la cocina

la vi lucir su vestido

que más que un vestido

parecía ser su piel,

la redondez de mi mirada

la circundaba

y la acaudalaba en mis retinas,

ella me miro de reojo

y me descubrió perdido

en la cascada de su cuello

que caía sobre su espalda.


La tarde caía inevitablemente

y la lluvia insistía es su porfía

el fuego alumbraba mis ojos

aumentando el brillo

donde ella se lucia,

la manta que cubría mi hombros

pareció de pronto ser un abrazo,

un abrazo de sus brazos.


El aroma a orégano

me sorprendió

imaginando su abrazo

y la vi venir hacia la mesa

con un humeante tazón

de porcelana.


Ven

y siéntate aquí a mi lado

y toma esta sopa

que está llena de tu olvido,

yo he tenido frío desde que

te alejaste de mi,

no sabes cómo amo la lluvia

que te trajo hasta aquí.

Sus ojos se quedaron fijos en mí

y pude sentir toda la distancia

que un día le prometí

y que firme con el golpe de una puerta,

más no pude sonreír por su sentencia

amorosa,

sentí culpa e incline mi frente

hacia la mesa

sin saber que decir,

y que podría decir

sin sumergirme en su mirada fija.


Nunca supe le dije,

nunca supe de la lluvia en tus mejillas

nunca supe,

nunca supe de mi altar en tu vigilia

nunca supe como ahora

lo perdido,

y fue la lluvia de tu cielo

que me trajo a tus bordes celestes,

nunca supe como ahora

lo perdido,

nunca supe.


Fijos sus ojos en mí me dice,

…abre el vino ha esperado por ti

desde siempre…


En el silencio no pude hacer otra cosa

y como si fuera un presagio

y como si fuera mi destino

llene las dos copas

del compromiso final.


Te he esperado tanto tiempo

tanto que sabía que este día iba a llegar

y que brindaríamos por tu visita

en esta mesa sin final.


¿Sin final?

Si, sin final…


Aquí las noches no acaban

y las mañanas no comienzan

mi vida se ha quedado

encerrada en el mantel.


Me parece que la noche ya despierta

y la lluvia no cesa,

más ahora no se donde ir

no puedo imaginar

un lugar más allá de esta mesa.

Levanta tu copa

y brindemos por la lluvia

y por ti,

… y bebimos juntos cercados

por el suspiro del cristal.


El vino toco mis sentidos

y la vida se transformo en espejos

se transformo en ríos claros

y pude verla sentada en la cama

secando sus lagrimas

con una funda de almohada,

parada en la ventana

y paseándose desde la cocina

a la sala

como si esperara,

hay parada

como si mi esperara.


Todo pasó en un segundo

y su soledad me llamo

desde mi distancia,

en la mesa quedo nuestro mundo

cercado por el suspiro

de los cristales.


…Tu camisa esa seca

y la noche se ha aclarado

ya no lloverá hasta mañana

estas repuesto y has descansado,

el tren de las diez ya lo anuncian

las campanas de la plaza..


Calzando mi camisa

parado al lado de la mesa

y sumergiéndome ya sin temor

en sus ojos fijos le dije…

“no se me ocurre un lugar

donde pueda ir

ni ahora ni nunca”…

ella me miro tan fijamente

como pudo y me dijo…

simplemente me dijo,

“quédate”.


El tren de la diez paso

como de costumbre

llevándose a la gente que tiene

un lugar para ir,

y envuelto en su abrazo tibio

le pude decir,

fue la lluvia,

fue la lluvia quien me trajo

hasta ti.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba