El barco que se encamina
hacia el puerto, en la mañana,
lleva todas sus velas izadas.
Entre ellas van tus sueños,
que en sus ojos se reflejan,
que miran de la ciudad sus luces
buscando entrever tu cara
por lágrimas mojada.
Hace tiempo que le esperas;
cada día fue un suplicio,
rogando porque la mar
no fuera una amante celosa
que se vengase arrojándole
hacia el húmedo abismo
de su inmensidad insaciable.
Tu corazón salta pleno
de júbilo, de sentimiento,
cuando le ves descender
con su mano saludando
mientras su boca
tu nombre en silencio
va murmurando.
Y corres abalanzándote
sobre su cuerpo añorado.
Le sientes, fuertemente,
contra ti apretado;
y agradeces al dios Neptuno
que haya devuelto
la sonrisa a tus labios.
hacia el puerto, en la mañana,
lleva todas sus velas izadas.
Entre ellas van tus sueños,
que en sus ojos se reflejan,
que miran de la ciudad sus luces
buscando entrever tu cara
por lágrimas mojada.
Hace tiempo que le esperas;
cada día fue un suplicio,
rogando porque la mar
no fuera una amante celosa
que se vengase arrojándole
hacia el húmedo abismo
de su inmensidad insaciable.
Tu corazón salta pleno
de júbilo, de sentimiento,
cuando le ves descender
con su mano saludando
mientras su boca
tu nombre en silencio
va murmurando.
Y corres abalanzándote
sobre su cuerpo añorado.
Le sientes, fuertemente,
contra ti apretado;
y agradeces al dios Neptuno
que haya devuelto
la sonrisa a tus labios.