Lentamente giró la llave, abrió la puerta, y entró en la casa. Oyó ruidos en el piso de arriba. Sigilosamente comenzó a subir las escaleras... La puerta de su alcoba estaba entreabierta, y a través del espejo pudo ver el reflejo de lo que allí dentro estaba pasando. Una mueca se dibujó en su cara y, con mayor sigilo todavía, entró en su despacho y cogió algo de un cajón de su escritorio. Regresó... Cuatro disparos... Los dos amantes yacían juntos, muertos... la sangre empezaba a gotear sobre el parqué... luego se oyó el quinto disparo.