gbonacci
Poeta recién llegado
Me sentí descubierto como aquel
caracol sin el caparazón.
Sin aquella mirada de calma camine
por calles grises hasta que se convirtieron
en negras.
Ya no veía, estaba perdido, en un
mundo extraño para un oficinista de 9 a 18.
Todo era tan distinto, que aromas
distantes, que caras perdidas.
Y ahí apareciste vos, tomándome de
la mano me llevaste a ese inframundo,
donde el placer es la moneda de cambio.
Pensar que yo buscaba la felicidad en mi
interior como me había enseñado Osho.
Desperté desnudo en aquella habitación
descascarada, donde nuestra almas
bailaron hasta que se fundieron.
Me contaste de la noche más oscura,
donde un titulo no se lleva a la
mejor sonrisa.
Nunca te volví a ver a pesar que te
busqué y ahora subido a una cornisa
pienso que fuiste demasiado para
un oficinista de 9 a 18.
caracol sin el caparazón.
Sin aquella mirada de calma camine
por calles grises hasta que se convirtieron
en negras.
Ya no veía, estaba perdido, en un
mundo extraño para un oficinista de 9 a 18.
Todo era tan distinto, que aromas
distantes, que caras perdidas.
Y ahí apareciste vos, tomándome de
la mano me llevaste a ese inframundo,
donde el placer es la moneda de cambio.
Pensar que yo buscaba la felicidad en mi
interior como me había enseñado Osho.
Desperté desnudo en aquella habitación
descascarada, donde nuestra almas
bailaron hasta que se fundieron.
Me contaste de la noche más oscura,
donde un titulo no se lleva a la
mejor sonrisa.
Nunca te volví a ver a pesar que te
busqué y ahora subido a una cornisa
pienso que fuiste demasiado para
un oficinista de 9 a 18.