ADEXFI
Poeta adicto al portal
Me regresé a mi casa sin mis amigos, porque,
me metí a nadar luego de jugar fútbol y cuando salí del mar
no los encontré, por ninguna parte.
Me regresé a casa solo, pensando en Lina,
seré feliz con ella, aunque deje aquí a mis amigos,
luego nos encontraremos en el barrio -pensé-
Me detuve un rato en el puente de los suspiros;
mirando la playa a lo lejos, llena de bañistas,
que iba a imaginar, que saldrían a buscarme en lancha
con mi primo buceando y buscando mi cuerpo,
en las profundidades del mar azul.
Oh, Dios y justo ese día mi madre estuvo en esa misma playa,
con sus amigas y escucharon por los parlantes:
Por favor, Freddy acérquese al puesto de salvavidas, más cercano,
porque te están buscando tus amistades. ¡Lo único que faltaba!
Como lloraban, me contó ella, mientras me regañaba
-¡ tu mamá, Alfredo, me ha llamado por teléfono desde la playa,
para venir a buscarte, haber si estabas aquí, en tu casa...! -me decía, Lina-
parada a tres metros de distancia, y yo echado, al pie
de la puerta de mi casa, porque ni llave tenía, para entrar...
Ah, bueno, dile que ya estoy en la casa - le dije- soñoliento y
sin prestarle mucha atención. Le iba a confesar que me regresé
solo, porque quería verla. Pero se dio media vuelta y se alejó sin despedirse.
Pero, porque te enojas Lina, murmuré...ladeando la cabeza,
aún costado, apoyándola contra el borde de la puerta.
Y soy Freddy, no Alfredo. Alfredo es el mayordomo de Batman.¡Bah!
Cada vez que se enoja, no se porque, me cambias de nombre.
Yo que iba a saber, que ya, inclusive habían tirado mi ropa,
mi mochila y mis tenis marca adidas !
¡ Tal como pasó ahora poco no mas, hace unos meses !
Se volvió a repetir la misma historia, pero con otro escenario.
Mi segunda muerte. Si, cuándo me recogieron del piso.
Cuándo pensaron, que no me iba a recuperar del accidenté,
y tiraron otra vez, todas mis cosas al tacho,
para poder entregar mi departamento alquilado,
al cual no iba a poder volver durante los cinco meses
que pasaría en el hospital.
Tiraron todo, porque en los momentos en que estaba consciente
yo mismo di la orden, sin recordar mis amuletos, pulseras,
mis corbatas y esos preciosos zapatos de gamuza marrón,
que tenía bordados en los bordes y que lo sentía parte de mi alma.
Gracias a Dios, no me compre el reloj del Apple, que anhelaba con locura;
se hubiera ido al también al tacho y eso no lo hubiera soportado.
Así que ahora, ya deje una carta cerrada, entre mis documentos importantes:
"la próxima vez qué me den por muerto, no tiren mis cosas por favor...
que las voy a necesitar."
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