dimas claudio
Dimas Claudio
Transcurre la noche sentado a la mesa de mi humilde sala.
Un viejo reloj sobre la pared marcha con desgana.
Y tan lentamente marca los minutos que me desespera.
Arrastra cansino sus negras agujas por la madrugada.
Tan indiferente me observa sentado a la vieja mesa.
Tan indiferente que me ve llorando y sigue su marcha.
Si ha visto a la mesa, risa y alegría en noches felices,
en la soledad de mi triste mesa, aun marcha inflexible.
¿Ha! corazón de engranajes y metal, que suerte tienes.
Que sigues sin pausa tu eterno camino sin gloria ni pena.
Mientras en la mesa tejo con minutos la eterna condena
de sufrir los años que aun debo vivir, y morir sin ella.
Dimas
Un viejo reloj sobre la pared marcha con desgana.
Y tan lentamente marca los minutos que me desespera.
Arrastra cansino sus negras agujas por la madrugada.
Tan indiferente me observa sentado a la vieja mesa.
Tan indiferente que me ve llorando y sigue su marcha.
Si ha visto a la mesa, risa y alegría en noches felices,
en la soledad de mi triste mesa, aun marcha inflexible.
¿Ha! corazón de engranajes y metal, que suerte tienes.
Que sigues sin pausa tu eterno camino sin gloria ni pena.
Mientras en la mesa tejo con minutos la eterna condena
de sufrir los años que aun debo vivir, y morir sin ella.
Dimas