Joanne C Weber
Poeta recién llegado
El reloj seguía girando
logrando doblegar el tiempo
y la chica de labios rojos
rogaba porque que se detuviera.
El reloj seguía girando
y su corazón se desgarraba con cada lágrima
y su alma se llenaba de vacío.
Con cada "estoy bien" de su parte
tú te ibas feliz de allí
cuando se suponía que ella
tenia que ser feliz.
Y el reloj que giraba,
se detuvo por un instante.
Eternos para ella, segundos para ti.
Y mientras que tu creías en sus palabras,
los hechos decían otra cosa.
Y el reloj rápidamente,
dejo de girar
y su alma se evaporo en un suspiro.
Y tú, cada noche le preguntabas a la luna
cual fue la razón,
si en cada pregunta que le hacías
ella contestaba: "estoy bien"
logrando doblegar el tiempo
y la chica de labios rojos
rogaba porque que se detuviera.
El reloj seguía girando
y su corazón se desgarraba con cada lágrima
y su alma se llenaba de vacío.
Con cada "estoy bien" de su parte
tú te ibas feliz de allí
cuando se suponía que ella
tenia que ser feliz.
Y el reloj que giraba,
se detuvo por un instante.
Eternos para ella, segundos para ti.
Y mientras que tu creías en sus palabras,
los hechos decían otra cosa.
Y el reloj rápidamente,
dejo de girar
y su alma se evaporo en un suspiro.
Y tú, cada noche le preguntabas a la luna
cual fue la razón,
si en cada pregunta que le hacías
ella contestaba: "estoy bien"