Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL REPARTO
Nunca bastará la inocencia
de sus manos
asidas a esa bolsa
un poco de carne
y un pan que morderá con sus hermanos.
Cruel será el tiempo
desvaneciendo la luz
las palabras que puedan
con el hambre,
ni las explicaciones.
Sobre su cuerpo de niña,
risa mutilada,
los juegos atrapados, desterrados,
el peso del día, filosa
herida que crece, roe
la plenitud de su infancia
resignada a vivir
lo poco que le toca
en el reparto.
De saber que mañana
la calle verá crecer
a pesar de todo.
Hallando ciegas miradas,
el sol que marchita
lo blando
de la hogaza,
que silenciosamente
comenzó a enfriar...
Hector Alberto Villarruel.
Nunca bastará la inocencia
de sus manos
asidas a esa bolsa
un poco de carne
y un pan que morderá con sus hermanos.
Cruel será el tiempo
desvaneciendo la luz
las palabras que puedan
con el hambre,
ni las explicaciones.
Sobre su cuerpo de niña,
risa mutilada,
los juegos atrapados, desterrados,
el peso del día, filosa
herida que crece, roe
la plenitud de su infancia
resignada a vivir
lo poco que le toca
en el reparto.
De saber que mañana
la calle verá crecer
a pesar de todo.
Hallando ciegas miradas,
el sol que marchita
lo blando
de la hogaza,
que silenciosamente
comenzó a enfriar...
Hector Alberto Villarruel.
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