Emmanuel Delawer
Poeta fiel al portal

Los tristes salones de cortinas negras,
aquellas que una vez fueron blancas
hechas de seda, hechas por orugas negras,
donde ahora bailan fantasmas,
con los ojos secos,
con oídos que escuchan el mismo vals siniestro,
con Mozart al piano, la luz tenue,
el emperador de Viena sentado,
franz aun lado escuchando,
vestido de negro, peluca en mano,
los muertos aplaudiendo,
el insuperable Réquiem para su muerte,
en un piano también negro,
melodías que ensordecían a Beethoven
entre largos vestidos y champán,
los sirvientes servían caviar
tan exquisito, también negro,
las manos de pianista,
no se distinguían entre las teclas negras,
todos bailaban, todos gozaban,
muchos sin saber qué celebraban,
muchos con una vida vana,
infelices que observan con los ojos negros,
comen de los exquisitos
manjares de la corona,
manjares que hoy también,
comen sus gusanos,
las damas de compañía,
a la espera de los jóvenes ricos,
perdiendo hijos que ya no son de la realeza,
y en Salzburgo lloran con los ojos negros,
ha muerto el genio, ha muerto Mozart,
por las calles se escucha su Réquiem
ha muerto muy joven, su inspiración también.