BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No me quedo a contemplar el amanecer, ni lloro con los vasos vacíos, no trituro en la filosófica guadaña, el resplandor de las hojas. No me quedan motivos, ni procuro un poco de bromuro, para participar de los ojos que me ven. No hay restos de naufragios, no hay avenidas sin recorrer, no hay paisajes desteñidos por la bronca de algunos mendigos. Atestados los metros regresan con el alma vencida por la carne, con los labios metidos en formol. Un beso es una fría confirmación del frío de la calle. Un abrazo es un cordón de emergencias en la ciudad del vacío. Todo son cobras que emergen de váteres antiguos. Y no diré más vulgaridades. El resplandor de las hojas y amén-.
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