waldo lopez
Poeta recién llegado
un gracias al Silvio
El rey de las flores
rellena de escarcha los rumbos perdidos,
enciende la farola del cielo
y quema un eclipse del alma.
El rey de las flores
limpia sus manantiales con agua bendita;
trabaja y trabaja en el cucú de madera
para que silbe entre trinos, pimienta
y una campana de añil.
El rey de las flores
regala lo mejor de su polen,
los tallos bisiestos, enjambres de travesuras,
un cinchilegua, los cometas y un ingenuo amor.
El rey de las flores
dice a su gente cosas bonitas,
se pule con viento
se acicala de umbrosa melancolía.
Salta entre mundos
que sostienen el cielo con tallos de cerezas;
apresurado, urgido de tiempo para cantarle
al tiempo la canción “los amores cobardes”
otra a las "despedidas";
cuando se desvanecen
en el rincón de las tolvaneras.
En noches de plata
se unta jazmines, toca guitarra;
despierta un concilio de orquestas.
Una lechuza improvisa y hacen coro de llovisna las cigarras.
El rey de las flores
huele a cosa bendita.
El futuro lo intuye
mascando chicle de avellanas.
Cuenta con frijoles sus pares,
nombra impares
los caminos que no tienen partida.
Se asoma bajo las crinolinas de estrellas
para dormir entre raíces de tul.
El rey de los soles y aromas
festeja el domingo,
con algodón rosa y carrusel,
los restantes seis días de la semana en su honor.
Ora.
“Padre del color y texturas de la claridad.
En tu honor de hipnótica consecuencia;
alabamos el color de la tierra y sus azahares de magma encendida.
Suelta las bridas del infinito y que vibren sus partículas
alrededor de una flama sin padre y sin amén”.
El rey de las flores
mira a través de la ventana,
sus valles pintados de oleos azules y
garabatos cobaltos,
heridos con afilado nácar de Mulejé.
Atrás de todos los óleos
un motivo en harapos enciende las nubes
con un rubí.
Al rey de las flores
lo ha visto Silvio y una prima enamorada de la albaca.
Se aparece dibujando unicornios en el corpiño de las alboradas.
Canta entre flores un coro de arcángeles.
El rey de las flores
florece y florece entre las mariposas.
Canta: “te hubiere amado tanto de haber nacido un poco más ausente”.
Se acompaña de colinas y montañas con escafandras de rocas.
Cuando sale de cacería para atrapar un destello del alba.
Canta y recuenta
los adoquines que sostienen el recuerdo, un pueblito y sus penitencias.
Gusta de embriagarse con embriaguez.
Vive la plenitud con los cuatreros de los instantes,
analiza los gerundios y geranios a través de la miel.
El rey de las flores,
a pesar de que lo cuida un enjambre de abejas,
cuando está triste
se deshoja en un llanto de margaritas.
El rey de las flores
rellena de escarcha los rumbos perdidos,
enciende la farola del cielo
y quema un eclipse del alma.
El rey de las flores
limpia sus manantiales con agua bendita;
trabaja y trabaja en el cucú de madera
para que silbe entre trinos, pimienta
y una campana de añil.
El rey de las flores
regala lo mejor de su polen,
los tallos bisiestos, enjambres de travesuras,
un cinchilegua, los cometas y un ingenuo amor.
El rey de las flores
dice a su gente cosas bonitas,
se pule con viento
se acicala de umbrosa melancolía.
Salta entre mundos
que sostienen el cielo con tallos de cerezas;
apresurado, urgido de tiempo para cantarle
al tiempo la canción “los amores cobardes”
otra a las "despedidas";
cuando se desvanecen
en el rincón de las tolvaneras.
En noches de plata
se unta jazmines, toca guitarra;
despierta un concilio de orquestas.
Una lechuza improvisa y hacen coro de llovisna las cigarras.
El rey de las flores
huele a cosa bendita.
El futuro lo intuye
mascando chicle de avellanas.
Cuenta con frijoles sus pares,
nombra impares
los caminos que no tienen partida.
Se asoma bajo las crinolinas de estrellas
para dormir entre raíces de tul.
El rey de los soles y aromas
festeja el domingo,
con algodón rosa y carrusel,
los restantes seis días de la semana en su honor.
Ora.
“Padre del color y texturas de la claridad.
En tu honor de hipnótica consecuencia;
alabamos el color de la tierra y sus azahares de magma encendida.
Suelta las bridas del infinito y que vibren sus partículas
alrededor de una flama sin padre y sin amén”.
El rey de las flores
mira a través de la ventana,
sus valles pintados de oleos azules y
garabatos cobaltos,
heridos con afilado nácar de Mulejé.
Atrás de todos los óleos
un motivo en harapos enciende las nubes
con un rubí.
Al rey de las flores
lo ha visto Silvio y una prima enamorada de la albaca.
Se aparece dibujando unicornios en el corpiño de las alboradas.
Canta entre flores un coro de arcángeles.
El rey de las flores
florece y florece entre las mariposas.
Canta: “te hubiere amado tanto de haber nacido un poco más ausente”.
Se acompaña de colinas y montañas con escafandras de rocas.
Cuando sale de cacería para atrapar un destello del alba.
Canta y recuenta
los adoquines que sostienen el recuerdo, un pueblito y sus penitencias.
Gusta de embriagarse con embriaguez.
Vive la plenitud con los cuatreros de los instantes,
analiza los gerundios y geranios a través de la miel.
El rey de las flores,
a pesar de que lo cuida un enjambre de abejas,
cuando está triste
se deshoja en un llanto de margaritas.
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