guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
El vacío es sobrecogedor,
El silencio un amante
Perturbado por cantos,
Por gregorianos fantasmales
Pero los tiempos pasan,
Y el sol no se esconde al sur,
No brilla el oro de la cruz,
No estoy como rey del lugar
Porque mi gente se fue a jugar
Con la muerte al mar
Ahora estoy entre las colinas,
Sin la seda, con los gusanos,
Llorando con mi melancolía,
Callando a los cuervos de mis espasmos,
Viendo arder al castillo de la vida
Es domingo, la iglesia tiene campanas,
No tiene Biblia, ni llamada
A los feligreses de la palabra,
Me llaman a mi, al loco de la montaña,
Al rey de la soledad que no sabe hablar
Pero no me quejo del frío,
Solo extraño mi ius sobre el delincuente,
Mi caridad sobre el mendigo,
El padre sobre el huérfano que miente,
Extraño el poder y su vicio maligno
Sobre el benigno inconciente
La luna no posa su reflejo en la aridez,
Pinta mi cabellera de gris,
Me hace hermoso en la vejez,
Revive a mi pueblo en mi iris,
El viento trae anís y poca lucidez,
Trae las cenizas de una madre
Que ardió en el hambre de los mortales
Pobres de ellos mis mortales,
Sucumbieron a mi arte,
Es que soy dios de diamantes
Y no muero como el amante
Sin amor ni carne
O es que soy un muerto
Y como se robaron el limbo
No tengo más que mis colinas en el abismo
El silencio un amante
Perturbado por cantos,
Por gregorianos fantasmales
Pero los tiempos pasan,
Y el sol no se esconde al sur,
No brilla el oro de la cruz,
No estoy como rey del lugar
Porque mi gente se fue a jugar
Con la muerte al mar
Ahora estoy entre las colinas,
Sin la seda, con los gusanos,
Llorando con mi melancolía,
Callando a los cuervos de mis espasmos,
Viendo arder al castillo de la vida
Es domingo, la iglesia tiene campanas,
No tiene Biblia, ni llamada
A los feligreses de la palabra,
Me llaman a mi, al loco de la montaña,
Al rey de la soledad que no sabe hablar
Pero no me quejo del frío,
Solo extraño mi ius sobre el delincuente,
Mi caridad sobre el mendigo,
El padre sobre el huérfano que miente,
Extraño el poder y su vicio maligno
Sobre el benigno inconciente
La luna no posa su reflejo en la aridez,
Pinta mi cabellera de gris,
Me hace hermoso en la vejez,
Revive a mi pueblo en mi iris,
El viento trae anís y poca lucidez,
Trae las cenizas de una madre
Que ardió en el hambre de los mortales
Pobres de ellos mis mortales,
Sucumbieron a mi arte,
Es que soy dios de diamantes
Y no muero como el amante
Sin amor ni carne
O es que soy un muerto
Y como se robaron el limbo
No tengo más que mis colinas en el abismo