Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol calentaba en lo más alto, comencé a andar por el camino que llevaba al río,
el frescor de la frondosa arboleda deshacía el calor convirtiéndolo en una suave brisa que acariciaba mi cuerpo. El río corría manso, sus aguas templadas por el sol brillaban como si finos hilos de platas bordasén la superficie, tapizando de luces las aguas. Estire la toalla en la orilla y poco apoco me fui metiendo en las templadas aguas, su calidez y su blanda acogida me hizo recordar el tierno pecho de mi madre y sus abrazos, me dejé llevar por la corriente... Unos juncos cercanos a la orilla pararon mi cuerpo.
Volví nadando al punto de partida abrazada por las aguas del río, agradeciéndole aquel recuerdo.
el frescor de la frondosa arboleda deshacía el calor convirtiéndolo en una suave brisa que acariciaba mi cuerpo. El río corría manso, sus aguas templadas por el sol brillaban como si finos hilos de platas bordasén la superficie, tapizando de luces las aguas. Estire la toalla en la orilla y poco apoco me fui metiendo en las templadas aguas, su calidez y su blanda acogida me hizo recordar el tierno pecho de mi madre y sus abrazos, me dejé llevar por la corriente... Unos juncos cercanos a la orilla pararon mi cuerpo.
Volví nadando al punto de partida abrazada por las aguas del río, agradeciéndole aquel recuerdo.
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