Introspectivo.
Poeta adicto al portal
El esqueleto baila al son de una chacarera
un jueves santo en la penumbra de una parroquia
veinte mil pares de medias lo observan estrujarse
deleitados por el swing del esquisto cadáver
Las cucarachas que tronaban las melodías
no podían parar de tocar el acordeón
Pero los estridentes aplausos multitudinarios
eran los encargados de marcar el ritmo
El cielo se tronó del color de la mermelada
Y el nómada Céfiro pasea del este al oeste,
Tras la cúpula de humo y fogatas apagadas
No tardó en verse llover mandarinas de cristal.
Mientras, nuestro querido protagonista,
Enfurecido y ciego por las ganase de bailar
Poco a poco fue erosionando sus huesos
cuando los cítricos de carne asida le pegaron
Su ósea alma de desparramo frente al sagrado templo
Los caníbales que por esos días, estaban de moda
Se pegaron un festín, ya que sus barrigas eran trompetas
Eructaron el ritmo del esqueleto
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