Oigo susurrar a los árboles,
la belleza de tus ramas,
la frescura de tus flores,
que abren sus pétalos en llamas,
cuando se despierta la noche.
Y es cuando el corazón se inflama,
con el mudo y celestial goce,
que provocan tus manos blancas,
en su dulce y cálido roce
la belleza de tus ramas,
la frescura de tus flores,
que abren sus pétalos en llamas,
cuando se despierta la noche.
Y es cuando el corazón se inflama,
con el mudo y celestial goce,
que provocan tus manos blancas,
en su dulce y cálido roce