Fulgencio Cibertraker
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sapo necesitaba comer
pero no le alcanzaba la plata
que mala suerte que lata
ni para mosquitos lamer.
Estaba tan absorto en su angustia
cuando oyó el zumbido de una mosca
y al voltear la cabeza se cosca
verla apenas entrar por la rejilla.
Sin pensarlo dos veces, fue a por ella
pero se encontraba tan distraído
siguiendo el sonido de la mosca
que no notó a una rata asquerosa .
Enorme, por la retaguardia sigilosa .
Por cosas del destino o por esquivarla
un pedazo de mierda flotante le seguía
por aquel oscuro laberinto sin sequia
y el sapito torció el cuello sin aplastarla.
Ante la proximidad del roedor
se adentró en la alcantarilla
con sus ancas a salticos sin pudor
mientras la rata lo perseguía,
por aquella oscura tubería
que era un verdadero hedor.
Como el sapo estaba perdiendo a gritos
todas sus escasas fuerzas y sudores
perseguido sin cuartel por roedores
cuando se zambullo en un pozo frio.
El instinto a duras penas le decía
que las ratas bucear no sabían
pero a sabiendas se presumía
que lo mismo no lo sabia la rata.
Salió del agua y pegó sus facciones
a una de las frías paredes del pozo
con yoga y protozoos sus respiraciones
logró controlar sus palpitaciones.
Se había calmado completamente
cuando un animal fiero e inmenso
con la cara cortada y la boca peluda
con sus enormes fauces le saluda,
metió su cabeza en el pozo despacio
y comenzó a soplar un gas que olía
a tufo podrido de maloliente batracio.
El sapo saltó hacia la boca del animal
para detener un resoplido asqueroso
pero entonces oyó un gruñido de oso
que le destrozó sus pequeños tímpanos.
Sin esperar a más que lata
saltó de nuevo al agua fría
y nadó al otro lado reacia
porque prefería a la rata
que a la rata de su tía.
pero no le alcanzaba la plata
que mala suerte que lata
ni para mosquitos lamer.
Estaba tan absorto en su angustia
cuando oyó el zumbido de una mosca
y al voltear la cabeza se cosca
verla apenas entrar por la rejilla.
Sin pensarlo dos veces, fue a por ella
pero se encontraba tan distraído
siguiendo el sonido de la mosca
que no notó a una rata asquerosa .
Enorme, por la retaguardia sigilosa .
Por cosas del destino o por esquivarla
un pedazo de mierda flotante le seguía
por aquel oscuro laberinto sin sequia
y el sapito torció el cuello sin aplastarla.
Ante la proximidad del roedor
se adentró en la alcantarilla
con sus ancas a salticos sin pudor
mientras la rata lo perseguía,
por aquella oscura tubería
que era un verdadero hedor.
Como el sapo estaba perdiendo a gritos
todas sus escasas fuerzas y sudores
perseguido sin cuartel por roedores
cuando se zambullo en un pozo frio.
El instinto a duras penas le decía
que las ratas bucear no sabían
pero a sabiendas se presumía
que lo mismo no lo sabia la rata.
Salió del agua y pegó sus facciones
a una de las frías paredes del pozo
con yoga y protozoos sus respiraciones
logró controlar sus palpitaciones.
Se había calmado completamente
cuando un animal fiero e inmenso
con la cara cortada y la boca peluda
con sus enormes fauces le saluda,
metió su cabeza en el pozo despacio
y comenzó a soplar un gas que olía
a tufo podrido de maloliente batracio.
El sapo saltó hacia la boca del animal
para detener un resoplido asqueroso
pero entonces oyó un gruñido de oso
que le destrozó sus pequeños tímpanos.
Sin esperar a más que lata
saltó de nuevo al agua fría
y nadó al otro lado reacia
porque prefería a la rata
que a la rata de su tía.
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