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El sapo saltarin

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Entre la lluvia, un sapo

salta sin descanso.



Los chiquillos le siguen.



La abuela, con su gris delantal,

le coge y le aleja de los niños.



Venid: dice la abuela,

os voy a contar un cuento.



Una niña como vosotros,

estaba maltratando

a un lindo sapo.



El pobre animal

trataba de escapar sin resultado,

hasta que llegó Rosa,

la mas pequeña del grupo;

lo cogió y se lo llevó a su casa.



Le cuidó con esmero

y le daba de comer.



Después de algunos días

preguntó Rosa al sapito:



¿estás bien aquí?.

El sapo contestó:

muy bien, pequeña,

pero me gustaría ir a mi charca.



¡Claro¡ dijo Rosa un poco apenada.



Yo te limpiaré la casa de insectos,

y cuando termine,

me llevas al camino estrecho,

e iré solo a mi charca.

dijo el sapito.



Genial, dijo Rosa.



El sapo habló de nuevo:

cuando me necesites,

me llamas y limpio la casa otra vez.



Los dos quedaron contentos

con el trato,

y fueron amigos para siempre.
 
Entre la lluvia, un sapo

salta sin descanso.



Los chiquillos le siguen.



La abuela, con su gris delantal,

le coge y le aleja de los niños.



Venid: dice la abuela,

os voy a contar un cuento.



Una niña como vosotros,

estaba maltratando

a un lindo sapo.



El pobre animal

trataba de escapar sin resultado,

hasta que llegó Rosa,

la mas pequeña del grupo;

lo cogió y se lo llevó a su casa.



Le cuidó con esmero

y le daba de comer.



Después de algunos días

preguntó Rosa al sapito:



¿estás bien aquí?.

El sapo contestó:

muy bien, pequeña,

pero me gustaría ir a mi charca.



¡Claro¡ dijo Rosa un poco apenada.



Yo te limpiaré la casa de insectos,

y cuando termine,

me llevas al camino estrecho,

e iré solo a mi charca.

dijo el sapito.



Genial, dijo Rosa.



El sapo habló de nuevo:

cuando me necesites,

me llamas y limpio la casa otra vez.



Los dos quedaron contentos

con el trato,

y fueron amigos para siempre.
Hermoso cuentito del sapo y la niña, una mano ayuda a la otra y viceversa. Excelente. Un gran abrazo María , que siga esa bella inspiración.
 
Entre la lluvia, un sapo

salta sin descanso.



Los chiquillos le siguen.



La abuela, con su gris delantal,

le coge y le aleja de los niños.



Venid: dice la abuela,

os voy a contar un cuento.



Una niña como vosotros,

estaba maltratando

a un lindo sapo.



El pobre animal

trataba de escapar sin resultado,

hasta que llegó Rosa,

la mas pequeña del grupo;

lo cogió y se lo llevó a su casa.



Le cuidó con esmero

y le daba de comer.



Después de algunos días

preguntó Rosa al sapito:



¿estás bien aquí?.

El sapo contestó:

muy bien, pequeña,

pero me gustaría ir a mi charca.



¡Claro¡ dijo Rosa un poco apenada.



Yo te limpiaré la casa de insectos,

y cuando termine,

me llevas al camino estrecho,

e iré solo a mi charca.

dijo el sapito.



Genial, dijo Rosa.



El sapo habló de nuevo:

cuando me necesites,

me llamas y limpio la casa otra vez.



Los dos quedaron contentos

con el trato,

y fueron amigos para siempre.
La sabiduría de la abuela contándoles a los niños un relato para que respeten al sapo... y la bondad de Rosa en ese relato cuidándolo con tanto cariño. Ha sido un placer leer este bello cuento, María, un abrazo.
Javier
 

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