Paulamira
Poeta recién llegado
Su punzante mirada atravesó mi firme postura para eternizar ese segundo de silencio. Aletargada mi inconveniente respuesta se resistía a presentarse ante él que la esperaba ansioso. La voz parecía no salir de mis entrañas por más que intentara forzarla. Todo alrededor se había alejado para hacerse invisible ante mis espantados ojos, sólo el feroz agazape de su enojo. Cuando comenzaba a ahogarse en sudor mi fatigada voluntad y hacerse añicos contra su voz mi último coraje, se coló una luz redentora entre nosotros cuando se abrió la puerta de la infinita habitación para darle entrada a mi ángel de la guarda, mi pequeño hijo.
Última edición: