F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
I.- La ilusión
Flotando fui con los sueños del alba
y te encontré
acariciando la arena en la playa.
Y te miré
esperando encontrarte enamorada
con esa luz
que todo es siempre verde…¡de esperanza!
Y fuiste tú
la espuma de la ola que bañó mi alma
II.- El amor
En mi hombro apoyados tus pensamientos,
y mi brazo enlazando tu cintura
paseamos los dos, con paso lento,
entre los altos cedros, una tarde oscura,
en la que tú me dabas, con vida y fuego,
todo el amor sereno que tú conjuras.
Las nubes sonrosadas del sendero
transcurren muy deprisa y sin mesura
y, sin querer, nos vemos: a veces por los años, a veces por los sueños
y, a veces, con dolor, con tintes de locura.
Yo sé que tú o yo, un día nos iremos,
en el caballo ingrato, apocalíptico y castrado de lujuria
por causa de algún mal que no sabemos
que, odiosa y despreciable, presentará la Parca como excusa,
y sé también que vendrá, inevitablemente, el ujier del dolor interno
durante los instantes que nos queden de cordura.
Y, al fin, cualquiera de los dos, daremos
nuestro postrero adiós a esta vida cansada de hermosuras
III.- La soledad
Si un día me abandonas, si me dejas,
queriendo recordar aquellos momentos hermosos:
de nuevo vagaré por la alameda aquella
donde tú y yo… pisamos como bobos
ajenos al entorno que embelesa
(de rudos cedros y altos olmos
y hermosas madreselvas)
donde al mirarme besaban tus ojos
tan llenos de ilusiones y promesas…
Pero ya no será como antes… ¡será otoño!
y, sin duda, iré arrastrando, por millares, las hojas muertas
y, con la compañía de mis pensamientos... ¡charlaré solo!
contemplando los muñones con tristeza
y esperando que los árboles todos
añoren, como siempre, su soñada primavera
que les traiga sus brazos, de cualquier modo,
y a mí me dejará en esa espera
que todo me resultará ya tan inútil y monótono
como vaciar los cubos de agua en la arena…
Flotando fui con los sueños del alba
y te encontré
acariciando la arena en la playa.
Y te miré
esperando encontrarte enamorada
con esa luz
que todo es siempre verde…¡de esperanza!
Y fuiste tú
la espuma de la ola que bañó mi alma
II.- El amor
En mi hombro apoyados tus pensamientos,
y mi brazo enlazando tu cintura
paseamos los dos, con paso lento,
entre los altos cedros, una tarde oscura,
en la que tú me dabas, con vida y fuego,
todo el amor sereno que tú conjuras.
Las nubes sonrosadas del sendero
transcurren muy deprisa y sin mesura
y, sin querer, nos vemos: a veces por los años, a veces por los sueños
y, a veces, con dolor, con tintes de locura.
Yo sé que tú o yo, un día nos iremos,
en el caballo ingrato, apocalíptico y castrado de lujuria
por causa de algún mal que no sabemos
que, odiosa y despreciable, presentará la Parca como excusa,
y sé también que vendrá, inevitablemente, el ujier del dolor interno
durante los instantes que nos queden de cordura.
Y, al fin, cualquiera de los dos, daremos
nuestro postrero adiós a esta vida cansada de hermosuras
III.- La soledad
Si un día me abandonas, si me dejas,
queriendo recordar aquellos momentos hermosos:
de nuevo vagaré por la alameda aquella
donde tú y yo… pisamos como bobos
ajenos al entorno que embelesa
(de rudos cedros y altos olmos
y hermosas madreselvas)
donde al mirarme besaban tus ojos
tan llenos de ilusiones y promesas…
Pero ya no será como antes… ¡será otoño!
y, sin duda, iré arrastrando, por millares, las hojas muertas
y, con la compañía de mis pensamientos... ¡charlaré solo!
contemplando los muñones con tristeza
y esperando que los árboles todos
añoren, como siempre, su soñada primavera
que les traiga sus brazos, de cualquier modo,
y a mí me dejará en esa espera
que todo me resultará ya tan inútil y monótono
como vaciar los cubos de agua en la arena…
Última edición: