Han volado los años
como las hojas secas
persiguiendo al viento
y la vida se ha estrenado
su vestidito de otoño;
engalanada sin remedio
para esperar al invierno.
Ya no hay brillo en los ojos,
ni palabras en los labios
o sonrisas festivas,
y la osadía del vigor,
es un ancestro venerado
por el señor de la tristeza.
Hoy, solo queda la añoranza
sobre un sillón que cabalga
queriendo alcanzar al tiempo
para salvar las distancias;
una choza de tablas
que maliciosamente infiltra
toda la luz del alba,
un perro de yeso cascado
que jamás rompe su mutismo
y doce santos dormidos,
que a intervalos mira
reclamando respuestas
que el mundo no le ha dado.
!Tanta soledad abruma
la firmeza de mis pasos!
?Será su invisible existencia
el espejo que refleje
el ocaso de mis días?
Mis neuronas combaten
al temor y a la duda
que siembra tan triste imagen.
?Qué poeta demente
compadecerá mi silencio
y me llamará, tal vez,
el "señor de la nostalgia"
en algún poema olvidado?
como las hojas secas
persiguiendo al viento
y la vida se ha estrenado
su vestidito de otoño;
engalanada sin remedio
para esperar al invierno.
Ya no hay brillo en los ojos,
ni palabras en los labios
o sonrisas festivas,
y la osadía del vigor,
es un ancestro venerado
por el señor de la tristeza.
Hoy, solo queda la añoranza
sobre un sillón que cabalga
queriendo alcanzar al tiempo
para salvar las distancias;
una choza de tablas
que maliciosamente infiltra
toda la luz del alba,
un perro de yeso cascado
que jamás rompe su mutismo
y doce santos dormidos,
que a intervalos mira
reclamando respuestas
que el mundo no le ha dado.
!Tanta soledad abruma
la firmeza de mis pasos!
?Será su invisible existencia
el espejo que refleje
el ocaso de mis días?
Mis neuronas combaten
al temor y a la duda
que siembra tan triste imagen.
?Qué poeta demente
compadecerá mi silencio
y me llamará, tal vez,
el "señor de la nostalgia"
en algún poema olvidado?