El séptimo Cielo

Argatxe

Poeta recién llegado
Me despedí de ti dulcemente
con un beso cibernético muy suave
en el sitio de tu anatomía que mas te gustase;
me fui como las estrellas errantes
para buscar nuevos paisajes resplandecientes,
en ése lugar mágico con doce amaneceres, irisados de bellos colores.


Alcancé la íntima morada del refugio de mi alma,
donde mi espíritu se sintió enorme, en medio de tanta savia nueva.
Reiné, en los árboles del bosque de los sueños
pero me notaba sólo en medio del olvido,
hasta que un ave me trinó noticias de tu estrella
y su aliento me trajo suspiros de tus besos.


Entonces este corazón que guarda tantas soledades
tus ojos negros recordó al recordarte.
Tus labios los sintió cómo caricias ardientes,
que luego eran labios abiertos en los misterios de mis doce noches,
y entre crepúsculos sensuales que aliviaban mi cansancio,
voladoras fantasías me llenaban de dichas infinitas.


Te soñaba de muchos modos y maneras,
sentía que tu eras montaña y yo llanura,
que tu eras el camino, yo tu huella,
tu la mañana, yo la noche,
tu en mis brazos, yo en los tuyos
hasta que llegábamos al beso más profundo.


Los dos distintos pero juntos.
Sin final ni principio.
Mas allá del tiempo.
Tú mi vida y yo tu destino.
Dos corazones latiendo al unísono.
Un todo indivisible.
El sueño del séptimo cielo.


Autor el brujo de letziaga
 
Última edición:
Placentera lectura de tu poema bien acompañado por la canción de Bertin.

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Me despedí de ti dulcemente
con un beso cibernético muy suave
en el sitio de tu anatomía que mas te gustase;
me fui como las estrellas errantes
para buscar nuevos paisajes resplandecientes,
en ése lugar mágico con doce amaneceres, irisados de bellos colores.

Alcancé la íntima morada del refugio de mi alma,
donde mi espíritu se sintió enorme, en medio de tanta savia nueva.
Reiné, en los árboles del bosque de los sueños
pero me notaba sólo en medio del olvido,
hasta que un ave me trinó noticias de tu estrella
y su aliento me trajo suspiros de tus besos.

Entonces este corazón que guarda tantas soledades
tus ojos negros recordó al recordarte.
Tus labios los sintió cómo caricias ardientes,
que luego eran labios abiertos en los misterios de mis doce noches,
y entre crepúsculos sensuales que aliviaban mi cansancio,
voladoras fantasías me llenaban de dichas infinitas.

Te soñaba de muchos modos y maneras,
sentía que tu eras montaña y yo llanura,
que tu eras el camino, yo tu huella,
tu la mañana, yo la noche,
tu en mis brazos, yo en los tuyos
hasta que llegábamos al beso más profundo.

Los dos distintos pero juntos.
Sin final ni principio.
Mas allá del tiempo.
Tu mi vida y yo tu destino.
Dos corazones latiendo al unísono.
Un todo indivisible.
El sueño del séptimo cielo.


Autor: El Brujo de Letziaga
Muy bellos y románticos versos para un hermoso poema de amor. Un abrazo amigo Argatxe. Paco.
 

Me despedí de ti dulcemente
con un beso cibernético muy suave
en el sitio de tu anatomía que mas te gustase;
me fui como las estrellas errantes
para buscar nuevos paisajes resplandecientes,
en ése lugar mágico con doce amaneceres, irisados de bellos colores.

Alcancé la íntima morada del refugio de mi alma,
donde mi espíritu se sintió enorme, en medio de tanta savia nueva.
Reiné, en los árboles del bosque de los sueños
pero me notaba sólo en medio del olvido,
hasta que un ave me trinó noticias de tu estrella
y su aliento me trajo suspiros de tus besos.

Entonces este corazón que guarda tantas soledades
tus ojos negros recordó al recordarte.
Tus labios los sintió cómo caricias ardientes,
que luego eran labios abiertos en los misterios de mis doce noches,
y entre crepúsculos sensuales que aliviaban mi cansancio,
voladoras fantasías me llenaban de dichas infinitas.

Te soñaba de muchos modos y maneras,
sentía que tu eras montaña y yo llanura,
que tu eras el camino, yo tu huella,
tu la mañana, yo la noche,
tu en mis brazos, yo en los tuyos
hasta que llegábamos al beso más profundo.

Los dos distintos pero juntos.
Sin final ni principio.
Mas allá del tiempo.
Tú mi vida y yo tu destino.
Dos corazones latiendo al unísono.
Un todo indivisible.
El sueño del séptimo cielo.


Autor: El Brujo de Letziaga
Una despedida que deja de ser despedida en el íntimo sueño que la hace presente, un bello poema que he disfrutado leer. Saludos cordiales.
 
Me despedí de ti dulcemente
con un beso cibernético muy suave
en el sitio de tu anatomía que mas te gustase;
me fui como las estrellas errantes
para buscar nuevos paisajes resplandecientes,
en ése lugar mágico con doce amaneceres, irisados de bellos colores.


Alcancé la íntima morada del refugio de mi alma,
donde mi espíritu se sintió enorme, en medio de tanta savia nueva.
Reiné, en los árboles del bosque de los sueños
pero me notaba sólo en medio del olvido,
hasta que un ave me trinó noticias de tu estrella
y su aliento me trajo suspiros de tus besos.


Entonces este corazón que guarda tantas soledades
tus ojos negros recordó al recordarte.
Tus labios los sintió cómo caricias ardientes,
que luego eran labios abiertos en los misterios de mis doce noches,
y entre crepúsculos sensuales que aliviaban mi cansancio,
voladoras fantasías me llenaban de dichas infinitas.


Te soñaba de muchos modos y maneras,
sentía que tu eras montaña y yo llanura,
que tu eras el camino, yo tu huella,
tu la mañana, yo la noche,
tu en mis brazos, yo en los tuyos
hasta que llegábamos al beso más profundo.


Los dos distintos pero juntos.
Sin final ni principio.
Mas allá del tiempo.
Tú mi vida y yo tu destino.
Dos corazones latiendo al unísono.
Un todo indivisible.
El sueño del séptimo cielo.
vaya poema de la despedida... pones el corazón y la inspiración en tu poema... ha sido un gusto leerte.
saludos
 
De llevarte a la cima del cielo
donde existe un silencio total
donde el viento te rosa la cara
y yo rozo tu cuerpo al final.
Y llevarte a la cima del cielo
donde el cuento no pueda acabar
donde emerge sublime el deseo
y la gloria se puede alcanzar.
Dame un tiempo nuevo
dame oscuridad
dame tu poesía
a medio terminar.
Dame un día a día
dame tu calor
dame un beso ahora
en el callejón.

Me recordo esa canción, todo me encantó hasta el Bertin.
Besitos
 

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