guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Uno a uno fui sintiendo sus pasos,
cada vez más cerca de mi puerta,
cada vez más grande el temor
y cada vez sin verla veía su silueta.
La oscuridad domaba mi habitación,
la soledad partía por la ventana
y los fantasmas del pasado se fueron con el futuro.
Frente a la puerta los pasos pararon,
la perilla giró gravitacionalmente
chillando como cuervo en la noche.
La sombra de cuerpo ausente entró.
No escuchaba su respiración, sus latidos,
tan solo dominaba el eco de mis oídos
el lento pasar de sus ropas por el suelo.
A los pies de la cama fue despellejando mis sabanas
hasta dar con mi cuerpo que se aferraba al alma.
Se hundió el extremo de mi lecho.
Había subido cual amante libidinosa
y ahora gateaba sobre los temblores de mi cuerpo.
Sentí el frío de su ser sobre mi piel.
su húmedo cabello goteaba pausadamente
mezclando la dulzura de su muerte
con el salitre de mis lagrimas verdes.
El granizo de sus labios abrió los míos,
una lengua acanelada
corrió por mi garganta encadenada
hasta encadenar mi corazón y su sinfonía macabra.
Abrió las piernas azuladas
y una humedad de olor a almendras
adormeció las vibraciones de mis caderas.
Delicada tomó con sus dedos mi ser
Introduciendo mi horror en sus deseos.
Movía su cuerpo cual danza celta.
El calor regresaba a su silueta,
la lobreguez de su sangre corría por sus venas,
y la lujuria venció mi ansiedad invidente.
Los movimientos se pusieron violentos,
la velocidad apremió,
los segundos se detuvieron en el reloj,
sus cabellos flotaron,
su cuerpo levitó aferrado al mío
e inmersos en lo etéreo se hizo sol
entre su vientre y mi cielo.
Cual ángel de sacro dialecto gritó
haciéndose polvo de estrellas
en lo que ahora es un recuerdo en silencio.
cada vez más cerca de mi puerta,
cada vez más grande el temor
y cada vez sin verla veía su silueta.
La oscuridad domaba mi habitación,
la soledad partía por la ventana
y los fantasmas del pasado se fueron con el futuro.
Frente a la puerta los pasos pararon,
la perilla giró gravitacionalmente
chillando como cuervo en la noche.
La sombra de cuerpo ausente entró.
No escuchaba su respiración, sus latidos,
tan solo dominaba el eco de mis oídos
el lento pasar de sus ropas por el suelo.
A los pies de la cama fue despellejando mis sabanas
hasta dar con mi cuerpo que se aferraba al alma.
Se hundió el extremo de mi lecho.
Había subido cual amante libidinosa
y ahora gateaba sobre los temblores de mi cuerpo.
Sentí el frío de su ser sobre mi piel.
su húmedo cabello goteaba pausadamente
mezclando la dulzura de su muerte
con el salitre de mis lagrimas verdes.
El granizo de sus labios abrió los míos,
una lengua acanelada
corrió por mi garganta encadenada
hasta encadenar mi corazón y su sinfonía macabra.
Abrió las piernas azuladas
y una humedad de olor a almendras
adormeció las vibraciones de mis caderas.
Delicada tomó con sus dedos mi ser
Introduciendo mi horror en sus deseos.
Movía su cuerpo cual danza celta.
El calor regresaba a su silueta,
la lobreguez de su sangre corría por sus venas,
y la lujuria venció mi ansiedad invidente.
Los movimientos se pusieron violentos,
la velocidad apremió,
los segundos se detuvieron en el reloj,
sus cabellos flotaron,
su cuerpo levitó aferrado al mío
e inmersos en lo etéreo se hizo sol
entre su vientre y mi cielo.
Cual ángel de sacro dialecto gritó
haciéndose polvo de estrellas
en lo que ahora es un recuerdo en silencio.
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