Cinarizina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cual reo condenado a cadena perpetua
en mi habitación doy cien mil vueltas;
solitario un pensamiento revolotea,
como mariposa confinada aletea,
en batalla mortal contra su sentencia.
De todos los rincones salta la ausencia,
de repente maúlla el gato, ladra el perro,
escucho el lastimero gemir del viento.
Extraño el color de las voces amadas,
una marea vertiginosa me arrastra
hasta el centro del oscuro torbellino...
quizás el equilibrio haya perdido,
no sé si desvarío, no sé si yerro
y otra vez maúlla el gato y ladra el perro,
el viento insiste en su gemir lastimero...
Quisiera escuchar alguna voz de aliento
y sólo escucho mi corazón latiendo,
quiero gritar... me pregunto para qué,
si jamás nadie me podrá responder:
cierro los ojos abrazada a la almohada,
de aletear, la mariposa no se cansa;
de súbito caigo en el profundo abismo
oscuro, húmedo, perdiendo el sentido...
Nunca nadie lo sabrá... yo ya no existo...
en mi habitación doy cien mil vueltas;
solitario un pensamiento revolotea,
como mariposa confinada aletea,
en batalla mortal contra su sentencia.
De todos los rincones salta la ausencia,
de repente maúlla el gato, ladra el perro,
escucho el lastimero gemir del viento.
Extraño el color de las voces amadas,
una marea vertiginosa me arrastra
hasta el centro del oscuro torbellino...
quizás el equilibrio haya perdido,
no sé si desvarío, no sé si yerro
y otra vez maúlla el gato y ladra el perro,
el viento insiste en su gemir lastimero...
Quisiera escuchar alguna voz de aliento
y sólo escucho mi corazón latiendo,
quiero gritar... me pregunto para qué,
si jamás nadie me podrá responder:
cierro los ojos abrazada a la almohada,
de aletear, la mariposa no se cansa;
de súbito caigo en el profundo abismo
oscuro, húmedo, perdiendo el sentido...
Nunca nadie lo sabrá... yo ya no existo...