Ermenegildo Tiraboschi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un pedernal sin yesca en la llovizna.
Un grito de dolor en un abismo.
La lontananza insoslayable, un sismo
a la distancia. Llama que no tizna
por escapar de venas tan desnudas
como indolentes. Corazones secos
en dos sábanas áridas, sin ecos
de lo que fue, repletos de las dudas
que nos ofrece el pozo de silencio.
La lengua suicidándose en los dientes.
Niños que no vaciaron esos vientres
de madres sin un techo y que sentencio
porque así nos lo dictan las costumbres.
Lo que callo es herrumbres
que jamás evidencio.
Un grito de dolor en un abismo.
La lontananza insoslayable, un sismo
a la distancia. Llama que no tizna
por escapar de venas tan desnudas
como indolentes. Corazones secos
en dos sábanas áridas, sin ecos
de lo que fue, repletos de las dudas
que nos ofrece el pozo de silencio.
La lengua suicidándose en los dientes.
Niños que no vaciaron esos vientres
de madres sin un techo y que sentencio
porque así nos lo dictan las costumbres.
Lo que callo es herrumbres
que jamás evidencio.
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