Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
Un caudal de sangre derramada,
en la tierra que otrora verde era,
salto, corro, huyendo de las balas,
mientras los niños juegan en las plazas.
Un caudal de sangre derramada
en el hospital una mujer esta pariendo,
alegría y sueños por la vida,
un hermoso niño esta naciendo.
Hoy, otra mujer esta sufriendo,
la suerte de su niño muerto,
desesperanzas, gritos, lagrimas
veo un pueblo cansado
regresar del cementerio.
Un torbellino de almas en los ranchos,
mil pensamientos, mil quejas, mil lamentos
la pequeña Venecia manchada,
por la sangre inocente del muchacho.
No es un cuento de Alfred Hitchcock,
es la rabia, la impotencia del instante,
es ver que la patria se desangra,
mientras otros
simplemente brindan con champaña.
Alguien duerme en vigilia esta noche,
cansado, silencioso y aturdido,
lagrimas negras brotan en la morgue,
uno más un disparo en bello monte.
Han pasado diez años, mil ministros,
mil cadenas, mil misiones, mil trompetas
y los niños aun duermen en las calles,
en los patios, en las plazas, en los valles.
Alguien grita, mil susurros, mil tormentos
alguien observa indiferente el sufrimiento,
cobarde, tembloroso se esconde:
el sin alma, el sin rostro, el sin nombre.
en la tierra que otrora verde era,
salto, corro, huyendo de las balas,
mientras los niños juegan en las plazas.
Un caudal de sangre derramada
en el hospital una mujer esta pariendo,
alegría y sueños por la vida,
un hermoso niño esta naciendo.
Hoy, otra mujer esta sufriendo,
la suerte de su niño muerto,
desesperanzas, gritos, lagrimas
veo un pueblo cansado
regresar del cementerio.
Un torbellino de almas en los ranchos,
mil pensamientos, mil quejas, mil lamentos
la pequeña Venecia manchada,
por la sangre inocente del muchacho.
No es un cuento de Alfred Hitchcock,
es la rabia, la impotencia del instante,
es ver que la patria se desangra,
mientras otros
simplemente brindan con champaña.
Alguien duerme en vigilia esta noche,
cansado, silencioso y aturdido,
lagrimas negras brotan en la morgue,
uno más un disparo en bello monte.
Han pasado diez años, mil ministros,
mil cadenas, mil misiones, mil trompetas
y los niños aun duermen en las calles,
en los patios, en las plazas, en los valles.
Alguien grita, mil susurros, mil tormentos
alguien observa indiferente el sufrimiento,
cobarde, tembloroso se esconde:
el sin alma, el sin rostro, el sin nombre.