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El sol de América

Antonio Cuello

Poeta que considera el portal su segunda casa
Por aquí pasó Simón Bolívar
con su caballería de espartos
y su luenga sed libertaria
como molinos del desierto
en la estepa reseca por el viento
Lo vio pasar el convite revolucionario
que secundó el portento de su estilo visionario
aupado por el espíritu de su febril pensamiento

Por aquí pasó el libertador de las naciones
con el llanto contenido en sus ojos
por la traición de las causas perdidas,
condensadas en los personajes funestos
de la rancia y esperpenta, ralea santafecina
Lo vieron pasar los dientes afilados de Pisba
con sus colmillos insertos en la nieve absoluta,
impregnada por el sol descalzo de los frailejones

Por aquí pasó el caraqueño indómito
con su hidalguía opacada por los reflejos
de un espejo con imágenes difusas y sombrías
con el relumbre de algunas batallas perdidas,
libradas con el coraje de la bravía garra criolla
Lo vio pasar el cadalso de la plaza bogotana
que le enrostró su tiranía con todo el dolor de patria
en la infalible lealtad de su causa honorable

Por aquí pasó el general de los húsares
con la marejada inmortal de su tropa victoriosa,
gladiadores de una epopeya que aún resuena
en los adoquines de las calles coquetas de Lima
y sobre los techos de la majestuosa Quito orgullosa
Lo vio pasar el Chimborazo con su alba altivez
de magnánimas gestas ancestrales... ¡Oh libertador!
¡Quiero escucha tu voz declamando el poema glorioso!

Por aquí pasó el caballero de la templanza
con el ceño contrito por la desazón de la deslealtad,
por la cofradía de trúhanes que denudaron la bandera,
izando en su lugar el trapo miserable de la perfidia,
adscrita a la perversidad de la conspiración septembrina
Lo vio pasar el Magdalena anchuroso con rumbo a la nada,
a lo desconocido, al umbral de los sueños sin retorno,
al coloquial reencuentro con el gran mariscal de Ayacucho

Por aquí pasó el del uniforme impecable
con sus soles desteñidos por el declive de su grandeza,
enclaustrado en su meditaciones y su verbo alicaído
La fiebre opacó el brillo de su mirada penetrante
y le relegó el animo de su naturaleza triunfalista
Lo vio pasar Manuelita, por estas riberas del Tolima,
con los ojos tristes y musitando el amor que le profesaba
La despedida presagiaba que el sol de América se apagaba

Por aquí pasó Simón Bolívar
con la piel herida y el semblante desgastado
por la ingrávida palidez de su rostro, otrora adusto y decidido,
¿Quién le dibujó las ojeras al prócer si no hay quién lo retrate?
¿Quién le robó la espada de su vaina si ya no hay batalla?
Lo vio pasar la noche negra de su San Mateo querido;
él nunca volvió... su espíritu ahora ronda los cañaduzales
Ya no hay patria, sólo una bandera rota, enredada en su silencio

Lo vio pasar Manuelita, inerme y vencida , sin poder hacer nada...
ella se fue sola, devastada y triste a morir con sus recuerdos.
 
Última edición:
Una gran oda en homenaje al gran libertador nos compartes con raudos versos que emocionan.

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tienes aquí un botón de muestra estupendo de una prosa poética, o como quieras llamarlo. El final me encanta. Un abrazo desde España, dan ganas de visitar tu patria
 
Una gran oda en homenaje al gran libertador nos compartes con raudos versos que emocionan.

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Gracias, Maramín, me complace que te haya gustado el poema. Siempre admiré la gesta del libertador y me prometí a mi mismo hacerle un poema, ha llegado el día... espero que os guste a todos.
Saludo cordial
 
tienes aquí un botón de muestra estupendo de una prosa poética, o como quieras llamarlo. El final me encanta. Un abrazo desde España, dan ganas de visitar tu patria
Gracias, Minona, tu concepto es muy importante y aprecio mucho tu comentario. Se me ocurrió al final, colocarle un halo romántico a la obra e incluí a Manuelita, el gran amor de su vida.
Colombia es hermosísima y tiene muchos lugares para visitar, Valledupar mi tierra es uno de ellos.
Te saludo con afecto
 
He tenido poco tiempo últimamente, pero hoy paso y dejo todo mi aprecio estimado amigo
dejo mi cariño en tus versos, has tejido un hermoso poema
Gracias, Guadalupe, me complace que estés de vuelta... pierde cuidado, las ocupaciones a veces nos absorben, lo importante es que ya estás aquí.
Te dejo mi saludo cariñoso y una rosa
 
Por aquí pasó Simón Bolívar
con su caballería de espartos
y su luenga sed libertaria
como molinos del desierto
en la estepa reseca por el viento
Lo vio pasar el convite estacionario
de los chapetones disfrazados en el ocre
de la tierra recién excavada de los llanos

Por aquí pasó el libertador de las naciones
con el llanto contenido en sus ojos
por la traición de las causas perdidas,
condensadas en los personajes inconexos
de la rancia y esperpenta, ralea santafecina
Lo vieron pasar los dientes afilados de Pisba
con sus colmillos insertos en la nieve absoluta,
impregnada por el sol descalzo de los frailejones

Por aquí pasó el caraqueño indómito
con su hidalguía opacada por los reflejos
de un espejo con imágenes difusas y sombrías
de charreteras sin estrenar en las batallas,
libradas bajo el coraje de la garra criolla
Lo vio pasar el cadalso de la plaza bogotana
que le enrostró su tiranía con dolor de patria
en la infalible lealtad de su causa honorable

Por aquí pasó el general de los húsares
con la marejada inmortal de su tropa victoriosa,
gladiadores de una epopeya que aún resuena
en los adoquines de las calles coquetas de Lima
y en los balcones majestuosos de la Quito orgullosa
Lo vio pasar el Chimborazo con su alba altivez
de magnánimas glorias ancestrales... ¡Oh libertador!
¡Quiero escucha tu voz declamando el poema glorioso!

Por aquí pasó el caballero de la templanza
con el ceño contrito por la desazón de la deslealtad,
por la cofradía de aquellos que denudaron la bandera,
izando en su lugar el trapo miserable de la perfidia,
adscrita a la perversidad de la conspiración septembrina
Lo vio pasar el Magdalena anchuroso con rumbo a la nada,
a lo desconocido, al umbral de los sueños sin retorno,
al coloquial reencuentro con el gran mariscal de Ayacucho

Por aquí pasó el del uniforme impecable
con sus soles desteñidos por la avaricia de los poderes,
enclaustrado en su meditaciones y su verbo fluido
La fiebre opacó el brillo de su mirada punzante
y le relegó el animo triunfalista de su naturaleza
Lo vio pasar Manuelita, por estas riberas del Tolima,
con los ojos tristes y musitando el amor que le profesaba
La despedida presagiaba que el sol de América se apagaba

Por aquí pasó Simón Bolívar
con la piel herida por los años y el semblante desgastado
por la ingrávida palidez de su rostro, otrora adusto y decidido,
¿Quién le dibujó las ojeras al prócer si ya no hay retrato?
¿Quién le robó la espada de su vaina si ya no hay batalla?
Lo vio pasar la noche negra de su San Mateo querido;
él nunca volvió... su espíritu ronda los extensos cañaduzales
Ya no hay patria, sólo una bandera rota, enredada en su silencio

Lo vio pasar Manuelita, inerme y vencida , sin poder hacer nada...
ella se fue sola, devastada y triste a morir con sus recuerdos.


A veces hay que detenerse a honrar a los héroes.
Lo que es importante merece honores, sin dudas.
Un abrazo.
 
A veces hay que detenerse a honrar a los héroes.
Lo que es importante merece honores, sin dudas.
Un abrazo.
Claro que si, Simón Bolívar es el hombre más importante de nuestra historia y merece que le dediquemos estos versos. Es admirable que un hombre de su talante y posición haya decidido sacrificar sus riquezas y hasta su propia vida por darnos la libertad.
Agradezco mucho, Cecilya, que hayas dedicado un poco de tu tiempo para detenerte a comentar estas letras.
Un saludo afectuoso y una rosa
 

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