Bree
Poeta recién llegado
II-
Abro los ojos a tu lado,
entre tu calor y el tibio cielo de la mañana.
El éter se despereza
con un profundo y sonoro suspiro.
Me ve y tiembla.
Las fobias los atacan
y sus pulmones se alzan entre nubes
expandiéndose como gaitas mudas.
Las gotas de sudor resbalan por la porcelana celeste
y no llegan a caer
porque los nimbos de algodón las absorben.
El cielo está nervioso y aterrado.
El nacarado tan empalagoso
comienza a ser nubarrón y tormenta.
El sol se pone vidrioso
y las lágrimas son incontenibles.
La lluvia llorosa.
Pero un instante
antes del brote de desdicha,
un instante tan rugoso y tosco
así como infantil,
te despiertas.
Abres los ojos
y ves un cielo celeste lacio y de acuarela.
El cielo ya no tiembla; tiemblan mis ojos.
Abro los ojos a tu lado,
entre tu calor y el tibio cielo de la mañana.
El éter se despereza
con un profundo y sonoro suspiro.
Me ve y tiembla.
Las fobias los atacan
y sus pulmones se alzan entre nubes
expandiéndose como gaitas mudas.
Las gotas de sudor resbalan por la porcelana celeste
y no llegan a caer
porque los nimbos de algodón las absorben.
El cielo está nervioso y aterrado.
El nacarado tan empalagoso
comienza a ser nubarrón y tormenta.
El sol se pone vidrioso
y las lágrimas son incontenibles.
La lluvia llorosa.
Pero un instante
antes del brote de desdicha,
un instante tan rugoso y tosco
así como infantil,
te despiertas.
Abres los ojos
y ves un cielo celeste lacio y de acuarela.
El cielo ya no tiembla; tiemblan mis ojos.