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El Sol es un martillo
que clava los espinos en la espalda,
y el cuerpo, ya amarillo,
busca bajo una balda
esa sombra esquiva que nos respalda.
No hay piel que no se rinda
ante el sudor que muerde como fuego,
ni razón que rescinda
esa angustia y su ruego
de la carne sin el fresco sosiego.
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Maramin, hola.
Leyendo a Garcilaso de la Vega, me inspiró esta lira, cambiando el sentimiento de amor por otro más material como el calor del verano en el campo.
Gracias