Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si juntos de la mano por la orilla
el sol se enorgullece y en sus sombras
regáleles sombrillas que desean
la última sonrisa que aún no crece,
el lagrimeo exiguo de las piedras.
Ellos dos, con su pasado abierto
fotografían repetidas veces
los espejos donde mirarse
con luz distinta, con distintos ojos;
rompeolas donde el tiempo se detiene
mordiendo el corazón de la manzana
y su color de virgen, laberinto y fuego.
Ellos cumplen los sabios consejos
de la arena del desierto,
el reciclado de la piel de la prehistoria
que está bajo las uñas de los dedos
arañando la pintura de las cuevas
y el carmín rojo de los labios.
Todo puede ser destello
de un blanco en la galaxia,
donde ellos son raíz, mutilada y verde,
la voluntad de un nudo sin la cuerda,
libertad de las paredes ejercitando puertas,
el todo por la nada,
el grito en el silencio.
Si juntos de la mano por la orilla
el sol se enorgullece
y les regala sombra.