Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
Mi Emperatriz es como el sol,
una luminaria a la que otras almas
tan de hombre como la mía, adoran,
le prometen templos y sacrificios,
componen canciones bajo su inspiración;
intentan demostrar más rudamente su hombría.
Yo no sabía que existía el sol,
sin embargo, sin saberlo siempre clamé por ella.
Una tarde iluminó una pequeña cosecha mía;
desde entonces mis salmos y mis teatros le son suyos
y desde entonces sus rayos calientan mi corazón.
Ascendí las gradas interminables de su mezquita
y nos fundimos como elementos del cosmos
ahora emprendo mi camino de retorno a su morada
para darle a mi vida la luminosidad que la hace bella.
una luminaria a la que otras almas
tan de hombre como la mía, adoran,
le prometen templos y sacrificios,
componen canciones bajo su inspiración;
intentan demostrar más rudamente su hombría.
Yo no sabía que existía el sol,
sin embargo, sin saberlo siempre clamé por ella.
Una tarde iluminó una pequeña cosecha mía;
desde entonces mis salmos y mis teatros le son suyos
y desde entonces sus rayos calientan mi corazón.
Ascendí las gradas interminables de su mezquita
y nos fundimos como elementos del cosmos
ahora emprendo mi camino de retorno a su morada
para darle a mi vida la luminosidad que la hace bella.