El solar vacío

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
EL SOLAR VACÍO

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Una mañana de mayo, cuando abrí el balcón para ventilar la casa, una paloma que estaba posada en la barandilla salió volando hasta el solar del frente.

El vacío que había dejado el edificio, un garaje caído hace años, estaba lleno de plantas silvestres, parecía un diminuto parque natural en el centro de Madrid, un oasis de selva perdido en el desierto de cemento, cristal y metal. En este jardín silvestre destacaba el encanto de lo natural sobre lo artificial, el color amarillo y verde de la vida destacaba sobre el color gris de la suciedad.

Un minuto después pasó un camión llenando la calle de humo gris, casi negro. Cerré enseguida el balcón. Tendría que ventilar la casa en otra ocasión.

Aquel día, poco antes de dormirme, pensé en el hueco del solar lleno de vida, donde había dirigido mi atención el vuelo de la paloma. Me reconforté imaginando el inmenso poder de la vida, esa fuerza primaria capaz de llenar todos los huecos en cualquier lugar del universo. Aquella noche dormí placidamente.
 
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EL SOLAR VACÍO

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Una mañana de mayo, cuando abrí el balón para ventilar la casa, una paloma que estaba posada en la barandilla salió volando hasta el solar del frente.

El vacío que había dejado el edificio, un garaje caído hace años, estaba lleno de plantas silvestres, parecía un diminuto parque natural en el centro de Madrid, un oasis de selva perdido en el desierto de cemento, cristal y metal. En este jardín silvestre destacaba el encanto de lo natural sobre lo artificial, el color amarillo y verde de la vida destacaba sobre el color gris de la suciedad.

Un minuto después paso un camión llenando la calle de humo gris, casi negro. Cerré enseguida el balcón. Tendría que ventilar la casa en otra ocasión.

Aquel día, poco antes de dormirme, pensé en el hueco del solar lleno de vida, donde había dirigido mi atención el vuelo de la paloma. Me reconforté imaginando el inmenso poder de la vida, esa fuerza primaria capaz de llenar todos los huecos en cualquier lugar del universo. Aquella noche dormí placidamente.

Cierto, el contraste entre lo natural y lo artificial es inmenso. Ojalá que lo primero impregnara cada espacio de este mundo. Un placer leerle. Saludos.
 
EL SOLAR VACÍO

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Una mañana de mayo, cuando abrí el balón para ventilar la casa, una paloma que estaba posada en la barandilla salió volando hasta el solar del frente.

El vacío que había dejado el edificio, un garaje caído hace años, estaba lleno de plantas silvestres, parecía un diminuto parque natural en el centro de Madrid, un oasis de selva perdido en el desierto de cemento, cristal y metal. En este jardín silvestre destacaba el encanto de lo natural sobre lo artificial, el color amarillo y verde de la vida destacaba sobre el color gris de la suciedad.

Un minuto después paso un camión llenando la calle de humo gris, casi negro. Cerré enseguida el balcón. Tendría que ventilar la casa en otra ocasión.

Aquel día, poco antes de dormirme, pensé en el hueco del solar lleno de vida, donde había dirigido mi atención el vuelo de la paloma. Me reconforté imaginando el inmenso poder de la vida, esa fuerza primaria capaz de llenar todos los huecos en cualquier lugar del universo. Aquella noche dormí placidamente.
La mirada capta ese particular paisaje para trascender en tu memoria y bella microprosa, disfruto la lectura en su totalidad. Saludos cordiales.
 
EL SOLAR VACÍO

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Una mañana de mayo, cuando abrí el balón para ventilar la casa, una paloma que estaba posada en la barandilla salió volando hasta el solar del frente.

El vacío que había dejado el edificio, un garaje caído hace años, estaba lleno de plantas silvestres, parecía un diminuto parque natural en el centro de Madrid, un oasis de selva perdido en el desierto de cemento, cristal y metal. En este jardín silvestre destacaba el encanto de lo natural sobre lo artificial, el color amarillo y verde de la vida destacaba sobre el color gris de la suciedad.

Un minuto después paso un camión llenando la calle de humo gris, casi negro. Cerré enseguida el balcón. Tendría que ventilar la casa en otra ocasión.

Aquel día, poco antes de dormirme, pensé en el hueco del solar lleno de vida, donde había dirigido mi atención el vuelo de la paloma. Me reconforté imaginando el inmenso poder de la vida, esa fuerza primaria capaz de llenar todos los huecos en cualquier lugar del universo. Aquella noche dormí placidamente.


La fuerza de la naturaleza es inmensa. Me emociona ver crecer flores entre el asfalto, en los suelos o las paredes. Y si, comprendo ese sentimiento de placidez. Bonito micro. Felicidades!

saludos,

Palmira
 
La fuerza de la naturaleza es inmensa. Me emociona ver crecer flores entre el asfalto, en los suelos o las paredes. Y si, comprendo ese sentimiento de placidez. Bonito micro. Felicidades!

saludos,

Palmira
Así es: la vida renace en cualquier lugar del universo.

Gracias por interpretar tan bien el relato.

Saludos desde Madrid.
 
Si, nuestra madre ha sido, es y será la creadora de la belleza, la que aunque ya cansada y devastada sigue haciendo paraísos con las ruinas que le dejamos, pocos, solo algunos pocos ven la verdad y con ello su grandeza. Un inmenso placer disfrutar de su profunda y exquisita obra, Antonio del Olmo, reciba mi más sincera felicitación y saludo.
 
Si, nuestra madre ha sido, es y será la creadora de la belleza, la que aunque ya cansada y devastada sigue haciendo paraísos con las ruinas que le dejamos, pocos, solo algunos pocos ven la verdad y con ello su grandeza. Un inmenso placer disfrutar de su profunda y exquisita obra, Antonio del Olmo, reciba mi más sincera felicitación y saludo.
Gracias por interpretar tan bien el relato. La humanidad debería continuar las obras de la naturaleza en vez de interrumpirlas.

Saludos solidarios.
 
EL SOLAR VACÍO

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Una mañana de mayo, cuando abrí el balón para ventilar la casa, una paloma que estaba posada en la barandilla salió volando hasta el solar del frente.

El vacío que había dejado el edificio, un garaje caído hace años, estaba lleno de plantas silvestres, parecía un diminuto parque natural en el centro de Madrid, un oasis de selva perdido en el desierto de cemento, cristal y metal. En este jardín silvestre destacaba el encanto de lo natural sobre lo artificial, el color amarillo y verde de la vida destacaba sobre el color gris de la suciedad.

Un minuto después paso un camión llenando la calle de humo gris, casi negro. Cerré enseguida el balcón. Tendría que ventilar la casa en otra ocasión.

Aquel día, poco antes de dormirme, pensé en el hueco del solar lleno de vida, donde había dirigido mi atención el vuelo de la paloma. Me reconforté imaginando el inmenso poder de la vida, esa fuerza primaria capaz de llenar todos los huecos en cualquier lugar del universo. Aquella noche dormí placidamente.
La naturaleza, la vida, se abre paso siempre. Y sí, ese es un consuelo que nos permite dormir plácidos. Un placer leerte. Saludos
 

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