El sudario en la Playa (2)

Julius 12

Poeta que considera el portal su segunda casa
Visión del sudario y una lágrima
propicia, desvelo casi transparente
que atrae en vuelo vertiginoso ese
cuerpo mecido por el viento y el
breve oleaje. El aire acaricia el
cuerpo vulnerado. La arena ha
marcado su misterio de pasos
vacilantes y su derrumbe en la
orilla nocturna. Se supo que esa
noche hubo luna llena y que está
hediondo desde cierto día. Los turistas
le temen, las gaviotas no, más bien
se posan en el cuerpo medio hundido
que parece haber salido del mar...
La arena borracha ha delimitado
el territorio que le corresponde.
En el rostro adormilado aparece
un gesto. No se debe al dolor pues
nada siente; sobre su frente brilla
y acalora el sol implacable pero él
no despierta. Sólo la arena hunde
de a poco el ropaje dormido. Sólo
la arena blanda se hace cargo...
Y es un ser iluminado quien lo cuida
como ángel. El persistente relumbre
y olor a rancio aleja a los curiosos...
Las olas breves lamen las heridas de
su alma y de su cuerpo y él esboza
una especie de sonrisa- mueca de
pájaro. Se siente hermanado con las
gentiles gaviotas que merodean en
forma indiferente, pero algo es necesario.
Es necesario el recuerdo aquel, cuando
era un muchacho que a menudo visitaba
esa playa mayormente desierta y las Dunas
donde se refugiaba a hacer el amor con ella.
Y después corrían, se internaban en el mar
y jugaban y tan sólo se escuchaban sus risas,
mientras el mar cómplice tapaba sus secretos...
 
Visión del sudario y una lágrima
propicia, desvelo casi transparente
que atrae en vuelo vertiginoso ese
cuerpo mecido por el viento y el
breve oleaje. El aire acaricia el
cuerpo vulnerado. La arena ha
marcado su misterio de pasos
vacilantes y su derrumbe en la
orilla nocturna. Se supo que esa
noche hubo luna llena y que está
hediondo desde cierto día. Los turistas
le temen, las gaviotas no, más bien
se posan en el cuerpo medio hundido
que parece haber salido del mar...
La arena borracha ha delimitado
el territorio que le corresponde.
En el rostro adormilado aparece
un gesto. No se debe al dolor pues
nada siente; sobre su frente brilla
y acalora el sol implacable pero él
no despierta. Sólo la arena hunde
de a poco el ropaje dormido. Sólo
la arena blanda se hace cargo...
Y es un ser iluminado quien lo cuida
como ángel. El persistente relumbre
y olor a rancio aleja a los curiosos...
Las olas breves lamen las heridas de
su alma y de su cuerpo y él esboza
una especie de sonrisa- mueca de
pájaro. Se siente hermanado con las
gentiles gaviotas que merodean en
forma indiferente, pero algo es necesario.
Es necesario el recuerdo aquel, cuando
era un muchacho que a menudo visitaba
esa playa mayormente desierta y las Dunas
donde se refugiaba a hacer el amor con ella.
Y después corrían, se internaban en el mar
y jugaban y tan sólo se escuchaban sus risas,
mientras el mar cómplice tapaba sus secretos...
Con qué belleza has descrito ese tránsito que a todos nos espera. Todo tu poema es una hermosa metáfora de la muerte.
Sin saberlo, aplicas mi repetido consejo a los que amo:
"Si algo te duele mucho y es inevitable, trata de convertirlo en algo bello, porque la belleza es siempre un bálsamo del alma"
Quizá no tenga nada que ver con los motivos que te impulsaron a escribirlo..., pero me lo ha recordado.
Un abrazo.
Jazmín
 
Visión del sudario y una lágrima
propicia, desvelo casi transparente
que atrae en vuelo vertiginoso ese
cuerpo mecido por el viento y el
breve oleaje. El aire acaricia el
cuerpo vulnerado. La arena ha
marcado su misterio de pasos
vacilantes y su derrumbe en la
orilla nocturna. Se supo que esa
noche hubo luna llena y que está
hediondo desde cierto día. Los turistas
le temen, las gaviotas no, más bien
se posan en el cuerpo medio hundido
que parece haber salido del mar...
La arena borracha ha delimitado
el territorio que le corresponde.
En el rostro adormilado aparece
un gesto. No se debe al dolor pues
nada siente; sobre su frente brilla
y acalora el sol implacable pero él
no despierta. Sólo la arena hunde
de a poco el ropaje dormido. Sólo
la arena blanda se hace cargo...
Y es un ser iluminado quien lo cuida
como ángel. El persistente relumbre
y olor a rancio aleja a los curiosos...
Las olas breves lamen las heridas de
su alma y de su cuerpo y él esboza
una especie de sonrisa- mueca de
pájaro. Se siente hermanado con las
gentiles gaviotas que merodean en
forma indiferente, pero algo es necesario.
Es necesario el recuerdo aquel, cuando
era un muchacho que a menudo visitaba
esa playa mayormente desierta y las Dunas
donde se refugiaba a hacer el amor con ella.
Y después corrían, se internaban en el mar
y jugaban y tan sólo se escuchaban sus risas,
mientras el mar cómplice tapaba sus secretos...
Inquietante escena dibujas con tus versos pero bella por tu cuidada y sensible escritura, me ha gustado mucho tu poema amigo Julius. Abrazote vuela. Paco.
 
Un poema difícil de plasmar para mi pues toca un personaje en su final y no es agradable verlo y rescatarlo en humanidad. Saludo fraterno y gracias. Julius.
 
Te va toda razón, amiga y poeta. Es un tema que nos atañe en una u otra forma...por lo cual parece preferible sublimar o ir un paso más allá sin miedo, agradeciendo la extraordinaria experiencia acumulada durante los sucesos transitados... Gracias por tu participación y mi respeto. Julius
 
Visión del sudario y una lágrima
propicia, desvelo casi transparente
que atrae en vuelo vertiginoso ese
cuerpo mecido por el viento y el
breve oleaje. El aire acaricia el
cuerpo vulnerado. La arena ha
marcado su misterio de pasos
vacilantes y su derrumbe en la
orilla nocturna. Se supo que esa
noche hubo luna llena y que está
hediondo desde cierto día. Los turistas
le temen, las gaviotas no, más bien
se posan en el cuerpo medio hundido
que parece haber salido del mar...
La arena borracha ha delimitado
el territorio que le corresponde.
En el rostro adormilado aparece
un gesto. No se debe al dolor pues
nada siente; sobre su frente brilla
y acalora el sol implacable pero él
no despierta. Sólo la arena hunde
de a poco el ropaje dormido. Sólo
la arena blanda se hace cargo...
Y es un ser iluminado quien lo cuida
como ángel. El persistente relumbre
y olor a rancio aleja a los curiosos...
Las olas breves lamen las heridas de
su alma y de su cuerpo y él esboza
una especie de sonrisa- mueca de
pájaro. Se siente hermanado con las
gentiles gaviotas que merodean en
forma indiferente, pero algo es necesario.
Es necesario el recuerdo aquel, cuando
era un muchacho que a menudo visitaba
esa playa mayormente desierta y las Dunas
donde se refugiaba a hacer el amor con ella.
Y después corrían, se internaban en el mar
y jugaban y tan sólo se escuchaban sus risas,
mientras el mar cómplice tapaba sus secretos...


Cuando un tema es complejo, y el autor reviste de estética, de imágenes certeras y cuidadosas la historia, aún lo más doloroso se lee desde la óptica de la aceptación y la luz.
Siempre es un placer leerte.
Saludos cordiales, poeta.
 
Así es poeta y amiga Nancy; pero intenté rescatar como lazo natural un hecho positivo del recuerdo de su juventud... Gracias por tu
sabio comentario. Saludo fraterno. Julius.
 

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