BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un esqueleto no lo es tanto
hasta que se le golpea en el hueso
y emite ese ruido de polilla envasada
que todos los entusiastas escuchan
desde la sombra del futuro.
Ese esqueleto que nombra a ciegas
la vida o la muerte, apenas
resiste embestidas tan tiernas
como la de un lapicero en la cavidad vacía
de un ojo.
Y es tan frecuente que el emisor del dinero
contemple el crepúsculo! Yo me admiro ante
ese desgaste de las piedras en su tamaño original.
©
Aguanté tierras de desdicha
piedras indecorosas llenas de malicia
contemplé las horas más dichosas
los huesos más decentes y perfilados.
Dibujé los ocasos más infinitos
los ojos se me llenaron de crepúsculos
e inventé la rueda que marcha a solas
por la noche.
Derruí los símbolos más absurdos,
la lámina de sábanas impostadas
que un amanecer trajo con maquillaje de nube.
Soporté el incendio espectacular
de las noches sobre los depósitos blanquecinos,
el vómito luminoso de alacranes y escorpiones.
Y navegué en mi barcaza barata
con obsequios de algún dios importado.
Los pañales de la monarca
orinados y flemáticos, exprimen
la intensidad erótica del viejo.
Abdomen fútil que el aire intoxica
de palabras fútiles con rabia de otros días.
Desde el pozo íntimo de la esperanza
alguien defeca con súbitos resplandores.
La mula guarda los dentados abalorios,
junto al brocal apaciguado-.
©
hasta que se le golpea en el hueso
y emite ese ruido de polilla envasada
que todos los entusiastas escuchan
desde la sombra del futuro.
Ese esqueleto que nombra a ciegas
la vida o la muerte, apenas
resiste embestidas tan tiernas
como la de un lapicero en la cavidad vacía
de un ojo.
Y es tan frecuente que el emisor del dinero
contemple el crepúsculo! Yo me admiro ante
ese desgaste de las piedras en su tamaño original.
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Aguanté tierras de desdicha
piedras indecorosas llenas de malicia
contemplé las horas más dichosas
los huesos más decentes y perfilados.
Dibujé los ocasos más infinitos
los ojos se me llenaron de crepúsculos
e inventé la rueda que marcha a solas
por la noche.
Derruí los símbolos más absurdos,
la lámina de sábanas impostadas
que un amanecer trajo con maquillaje de nube.
Soporté el incendio espectacular
de las noches sobre los depósitos blanquecinos,
el vómito luminoso de alacranes y escorpiones.
Y navegué en mi barcaza barata
con obsequios de algún dios importado.
Los pañales de la monarca
orinados y flemáticos, exprimen
la intensidad erótica del viejo.
Abdomen fútil que el aire intoxica
de palabras fútiles con rabia de otros días.
Desde el pozo íntimo de la esperanza
alguien defeca con súbitos resplandores.
La mula guarda los dentados abalorios,
junto al brocal apaciguado-.
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