Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El sueño de Vercingétorix
Se alzan los robles hasta las nubes.
Ahora veo a Alejandro
ir a la compra de las verduras,
para la comida de un día elegante.
A Julio, pasear a sus reales perros
por una Galia donde Vercingétorix
es un lobo romanizado.
A Bonaparte, compartir un imperio
con los mendigos, en un sueño que dura
hasta que cae la cucharilla de sus manos.
A Aquiles, más lejano,
que nos llega presuroso
sin querer mal al troyano,
y sólo pide, que cuerdo Áyax,
vuelva para juzgar
la partida de los bardos.
Por último, veo a Ulises salir de viaje
hacia los mares océanos,
para pescar al cetáceo mundo
sin resolver el engaño aqueo,
ni devolver la gloria a Héctor,
ni aplacar la furia de Heracles.
Sólo Eneas ficticio de Virgilio
puso fin a los semidioses
que vagaban entre dos mundos
sin haberlos nunca conocido.
Hijo, ¿en qué piensas? Come…
Yo mismo fui a la compra
y saqué a los perros,
di una limosna al mendigo,
y aún espero a tu madre
que nos traiga el laurel y el olivo.
Vi a unos seres con falo
amamantando a dos niños perdidos.
Desperté del sueño asustado
frente a la columna de Trajano
que se alzaba como un roble
hasta la cumbre del cielo.
Despierta, padre,
que sujetas la cuchara
con la fuerza de un sansón,
y no debes sujetarla
más allá del Rubicón.
Por un momento soñé facha
aguantar el absoluto.
Vercingétorix devuelva
un carrefour lleno de fruto,
y sean legiones desplegadas
para vencer al escorbuto.
A mis pies veo a las rusias llorando
en el baile de un cosaco azul;
bandolero del yanqui comando,
que al imperio moral de la cruz,
emotivo es el llanto de humano,
que en las manos nos muestra
el arado marchito de luz.
Última edición: