Pablo Enrique Arosti
Poeta recién llegado
[FONT=FreeSans, sans-serif]El haz de luz se colaba por la ventana cuqueándole los párpados a Mauricio, que sin abrir los ojos, viró la cara hacia el otro lado. En vano: había demasiada claridad. Se volteó entonces lanzándose de bruces contra la almohada pero no pudo aguantar mucho, sintió que se ahogaba. Sacó la almohada de un tirón y se la colocó encima. Tampoco. La apretó fuertemente. Nada. Optó por el último recurso: una oveja, dos ovejas
quince ovejas
Ya estaba a punto de darse por vencido cuando lo sorprendió el bullicio de la gente desde los palcos a su alrededor. Súbitamente alzó la vista, entonces la vio; allí estaba todavía, como una diosa bajo la carpa del Molino Rojo, Satine se mecía en su columpio regalándole una sonrisa morbosamente angelical.