he besado el hierro y no sabía tan amargo como la humillación.
respiré el aire tranquilo al amanecer.
me senté y esperé al sol.
me desnudé y levanté el hierro.
él, estaba callado, frío, neutro
hundiéndose hasta las muelas
quemando los labios incluso antes
de que un racimo de pólvora lo inundara todo.
y cuando el sol todavía frío en el cielo
abre completas las alas como un ave fénix,
y yo ya ando desnudo,
cierro los ojos un instante,
mientras la niebla que nos rodea
se deja diluir por la luz.
aún sin presionar
vuelvo a abrir los ojos
respirando hondo
el gélido aroma de la dulce mañana.
acaricio el gatillo
y en el último parpadeo,
ante mí
se posa
la muerte
como el sutil susto final
cierro los ojos y los abro al instante
y ya no es la misma niebla ni el mismo sol.
la muerte ya no está allí,
pero ya todo da igual.
oscuro, tenue, a contraluz y sordo,
plano, infinito y desierto;
así yazco este lugar.
respiré el aire tranquilo al amanecer.
me senté y esperé al sol.
me desnudé y levanté el hierro.
él, estaba callado, frío, neutro
hundiéndose hasta las muelas
quemando los labios incluso antes
de que un racimo de pólvora lo inundara todo.
y cuando el sol todavía frío en el cielo
abre completas las alas como un ave fénix,
y yo ya ando desnudo,
cierro los ojos un instante,
mientras la niebla que nos rodea
se deja diluir por la luz.
aún sin presionar
vuelvo a abrir los ojos
respirando hondo
el gélido aroma de la dulce mañana.
acaricio el gatillo
y en el último parpadeo,
ante mí
se posa
la muerte
como el sutil susto final
cierro los ojos y los abro al instante
y ya no es la misma niebla ni el mismo sol.
la muerte ya no está allí,
pero ya todo da igual.
oscuro, tenue, a contraluz y sordo,
plano, infinito y desierto;
así yazco este lugar.
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