Y recordaba cuando fue niño. Una infancia feliz y entrañable. Cuando papá y mamá estaban para auxiliarlos. Los años venían implacablemente y se hacía adolescente. Eran épocas de cambios vertiginosos y rápidos. Sentía que sus padres estaban lejos de ayudarlos. No estaba seguro de sí mismo y veía el futuro con incertidumbre. Tenía que afianzar su personalidad, solo. Años más tarde, en su adultez, se convirtió en un respetado surfista. Ganaba premios y era instructor de serf. Se enamoró y se casó, pero la relación no duró mucho. Porque el serf le daba libertad. Y pasaba horas y horas en el mar, diciendo alguna vez: “Mi único matrimonio era con el océano.” Y fue un largo matrimonio que le alcanzó hasta la vejez. Que cuando iba hacía la playa se decía: “No hay amor tan comparable como el que dura hasta tus últimos años, así de viejo como el mar.”