MáxSinPais
Poeta recién llegado
En el telar del tiempo, donde el hilo se consume,
se ovilla el misterio de una carne que piensa,
somos la chispa breve que en la sombra presume
de ser llama eterna ante una noche inmensa.
¿Qué es este latido que el pecho encadena?
¿Qué es esta conciencia, este juez y testigo,
que busca en el cosmos una mano ajena
mientras carga el peso de su propio ombligo?
Arrojados al mundo sin mapa ni aliento,
herederos del caos y del azar más puro,
escribimos nombres sobre el lomo del viento
y alzamos banderas sobre un muro oscuro.
El "yo" es un abismo, un teatro de sombras,
donde el actor olvida que él mismo es el guion,
pisando la tierra que al pasar te nombras,
mientras el silencio dicta su lección.
No hay cielo que guarde las llaves del juicio,
ni infierno que queme la culpa en la piel;
la vida es un salto frente al precipicio,
un trago de vino, un sorbo de hiel.
Si el fin es el polvo, si el rastro es olvido,
¿por qué este deseo de luz y de altura?
Quizás la grandeza de lo que ha nacido
resida en la grieta de su propia finura.
Ser es el acto, el sudor y la herida,
la voluntad ciega que al dolor se abraza;
no somos la meta, somos la partida,
la flecha que vuela, el fuego que arrasa.
Vital es el grito que al miedo desgarra,
la mano que siembra sabiendo el invierno,
la hormiga que canta igual que la cigarra
bajo el sol de un día que se cree eterno.
Despierta el instinto, la fuerza primaria,
que no pide permiso para florecer;
la vida no es lógica, es una plegaria
que el cuerpo pronuncia por solo querer.
En la nada absoluta, en el hueco del cráneo,
donde el pensamiento se muerde la cola,
surge el milagro, fugaz, instantáneo:
ser parte del mar sin dejar de ser ola.
¡Oh, absurdo bendito de estar respirando!
De ser el vacío cobrando conciencia,
de ir por el mundo siempre tropezando
con la cruda roca de nuestra existencia.
No busques el orden, ni el plan, ni el destino,
que el sentido es el viaje, el error y el afán;
el hombre es el dueño de su propio camino
y el hambre es el alma buscando su pan.
se ovilla el misterio de una carne que piensa,
somos la chispa breve que en la sombra presume
de ser llama eterna ante una noche inmensa.
¿Qué es este latido que el pecho encadena?
¿Qué es esta conciencia, este juez y testigo,
que busca en el cosmos una mano ajena
mientras carga el peso de su propio ombligo?
Arrojados al mundo sin mapa ni aliento,
herederos del caos y del azar más puro,
escribimos nombres sobre el lomo del viento
y alzamos banderas sobre un muro oscuro.
El "yo" es un abismo, un teatro de sombras,
donde el actor olvida que él mismo es el guion,
pisando la tierra que al pasar te nombras,
mientras el silencio dicta su lección.
No hay cielo que guarde las llaves del juicio,
ni infierno que queme la culpa en la piel;
la vida es un salto frente al precipicio,
un trago de vino, un sorbo de hiel.
Si el fin es el polvo, si el rastro es olvido,
¿por qué este deseo de luz y de altura?
Quizás la grandeza de lo que ha nacido
resida en la grieta de su propia finura.
Ser es el acto, el sudor y la herida,
la voluntad ciega que al dolor se abraza;
no somos la meta, somos la partida,
la flecha que vuela, el fuego que arrasa.
Vital es el grito que al miedo desgarra,
la mano que siembra sabiendo el invierno,
la hormiga que canta igual que la cigarra
bajo el sol de un día que se cree eterno.
Despierta el instinto, la fuerza primaria,
que no pide permiso para florecer;
la vida no es lógica, es una plegaria
que el cuerpo pronuncia por solo querer.
En la nada absoluta, en el hueco del cráneo,
donde el pensamiento se muerde la cola,
surge el milagro, fugaz, instantáneo:
ser parte del mar sin dejar de ser ola.
¡Oh, absurdo bendito de estar respirando!
De ser el vacío cobrando conciencia,
de ir por el mundo siempre tropezando
con la cruda roca de nuestra existencia.
No busques el orden, ni el plan, ni el destino,
que el sentido es el viaje, el error y el afán;
el hombre es el dueño de su propio camino
y el hambre es el alma buscando su pan.