Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
El tiempo, sin dueño y sin color,
lamido por el aire de la tarde,
se posó entre nosotros.
Y allí se quedo, perpetuando
el instante de aquellas horas inseguras
que envolvía nuestras vidas.
Caían las hojas de los arboles
marcando nuestro calendario.
Se rompían la página vividas,
remotas y distantes de ilusiones
entre deshilachados sueños
de viejos y marcados naipes.
El viento lame las heridas
de ese amor, que temeroso,
vaga inseguro en la oscuridad,
va girando sin rumbo, perdido en un eco,
agazapado entre las sombras,
paralizado , por ese estúpido miedo,
de no ser, lo que se era en el pasado.
Carmen
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