cande87
Poeta recién llegado
La montaña se hacía eterna. Cuando llevas tanto tiempo escalando bajo condiciones climatológicas más que adversas y sintiendo el gélido viento y la falta de oxígeno, la visualización de la cumbre te proporciona una sensación casi orgásmica.
Al llegar, me arrodillé en lo alto de la cumbre y llamé a gritos al dios Cronos, dios del tiempo humano.
Una voz cavernosa se erigió sobre la espesa neblina y me preguntó el motivo de mis ruegos. Entonces lo hice. Le imploré que retrocediera el tiempo. Pero el se negó. Decía que muchos mortales lo requerían, pero que no se podía alterar el orden natural de las cosas, ya que las consecuencias cósmicas serían terribles. No seria justo hacer una excepción conmigo.
Quise ablandar su corazón leyéndole una carta que había escrito creyendo ciegamente en un mito. Así que, antes de que pudiera negarse o lanzarme un rayo atronador comencé a narrar
Viaja en el tiempo y déjame en el punto del camino en el cual me perdí, en el momento en el que dejé de querereme y de querer a los que me querían.
Atrasa el reloj, por lo menos un par de años para así poder restar errores a este corazón empobrecido.
Hazme viajar en el tiempo y dime porque no merezco el aprender a hacer las cosas bien. Atrásalo, que no m dea tiempo a enamorarme de él. A cambio, prometo que nunca más volveré a caer que aprenderé de todo esto que enmendaré los rotos, los descosidos, las camisas sin sus botones.
Necesito volver atrás. Recuperarle o no conocerle.
Si, eso, no conocerle anular la única prueba que confirma que me estoy volviendo débil, inmadura, loca quizá.
Hagamos un trato: volvamos atrás. Vamos a hacer como que aquella noche no agarró mi mano y que su voz no me sonó melódica, ni su aroma embriagador. Vamos a hacer como que no sentí que él era lo que siempre había estado buscando entre tinieblas, mi ufana escapatoria.
Procuraré ser menos ingenua y más malvada. Haré por no conocerle, o por conocerle y amargarle, pagarle con la misma moneda, sembrar el daño, convertirme al odio.
Retrocederé en el tiempo para no sentir su sabor en mis labios. Lo negaré en cuanto lo reconozca, antes de que a mi boca le de por llorarlo en la noche.
Retrocederé en el tiempo para que así no le dea tiempo a saber que muero por tenerlo.
Al acabar mi lectura, levanté la cabeza y comprendí que no era la primera carta desesperada que, acobardada, replicaba su ayuda.
Como siempre demasiado tarde. Cronos rezagado, recoge sus nubes. Me había abandonado.
Mis errores siguen contando segundos
Tic, tac, tic, tac
En el descenso, la montaña se hizo aun más eterna.
Al llegar, me arrodillé en lo alto de la cumbre y llamé a gritos al dios Cronos, dios del tiempo humano.
Una voz cavernosa se erigió sobre la espesa neblina y me preguntó el motivo de mis ruegos. Entonces lo hice. Le imploré que retrocediera el tiempo. Pero el se negó. Decía que muchos mortales lo requerían, pero que no se podía alterar el orden natural de las cosas, ya que las consecuencias cósmicas serían terribles. No seria justo hacer una excepción conmigo.
Quise ablandar su corazón leyéndole una carta que había escrito creyendo ciegamente en un mito. Así que, antes de que pudiera negarse o lanzarme un rayo atronador comencé a narrar
Viaja en el tiempo y déjame en el punto del camino en el cual me perdí, en el momento en el que dejé de querereme y de querer a los que me querían.
Atrasa el reloj, por lo menos un par de años para así poder restar errores a este corazón empobrecido.
Hazme viajar en el tiempo y dime porque no merezco el aprender a hacer las cosas bien. Atrásalo, que no m dea tiempo a enamorarme de él. A cambio, prometo que nunca más volveré a caer que aprenderé de todo esto que enmendaré los rotos, los descosidos, las camisas sin sus botones.
Necesito volver atrás. Recuperarle o no conocerle.
Si, eso, no conocerle anular la única prueba que confirma que me estoy volviendo débil, inmadura, loca quizá.
Hagamos un trato: volvamos atrás. Vamos a hacer como que aquella noche no agarró mi mano y que su voz no me sonó melódica, ni su aroma embriagador. Vamos a hacer como que no sentí que él era lo que siempre había estado buscando entre tinieblas, mi ufana escapatoria.
Procuraré ser menos ingenua y más malvada. Haré por no conocerle, o por conocerle y amargarle, pagarle con la misma moneda, sembrar el daño, convertirme al odio.
Retrocederé en el tiempo para no sentir su sabor en mis labios. Lo negaré en cuanto lo reconozca, antes de que a mi boca le de por llorarlo en la noche.
Retrocederé en el tiempo para que así no le dea tiempo a saber que muero por tenerlo.
Al acabar mi lectura, levanté la cabeza y comprendí que no era la primera carta desesperada que, acobardada, replicaba su ayuda.
Como siempre demasiado tarde. Cronos rezagado, recoge sus nubes. Me había abandonado.
Mis errores siguen contando segundos
Tic, tac, tic, tac
En el descenso, la montaña se hizo aun más eterna.